El poder curativo de la crisis. ( I ) Grof



EL PODER CURATIVO DE LAS CRISIS

Stanislav Grof



Stanislav Grof, Ronald D. Laing,
Roberto Assagioli, Christina Grof,
Ram Dass, Keith Thompson,
Jack Kornfield y otros




Edición a cargo de Christina y Stanislav Grof
Dedicamos este libro con agradecimiento a nuestros queridos maestros, que nos han guiado durante nuestros propios procesos; a los muchos aventureros que, a lo largo de los años, nos han contado sus historias personales; y a los visionarios de todos los tiempos que han trazado las pistas y nos han proporcionado los mapas.

Título original: SPIRITUAL EMERGENCY Traducción: Alfonso Colodrón Portada: Ana y Agustín Pániker



INTRODUCCIÓN

A tus ojos cansados traigo una visión de un mundo diferente, tan nuevo, limpio y fresco, que olvidarás el dolor y las penas

que viste hasta ahora.

Pero habrás de compartir esta visión con cualquiera que te encuentres,

pues en otro caso no podrás mantenerla. Dar este regalo

es la manera de hacerlo tuyo.

A Course in Miracles

El tema central que se explora en este libro, desde muchas perspectivas diferentes y por diversos autores, es la idea de que algunas de las experiencias espectaculares y estados extraordinarios de la mente que la psiquiatría tradicional diagnostica y trata como trastornos mentales son, de hecho, crisis de transformación personal, o "emergencias espirituales". Esta clase de episodios se ha descrito en los libros sagrados de todos los tiempos como un resultado de prácticas meditativas y como señales de la vía mística.


Cuando se entienden adecuadamente estos estados de la mente, y se les trata de una manera alentadora, en lugar de suprimirlos mediante las prácticas psiquiátricas de rutina, pueden ser curativos y tener efectos beneficiosos para las personas que los experimentan. Este potencial positivo ha sido expresado con el término emergencia espiritual, juego de palabras que sugiere al mismo tiempo una crisis y una oportunidad de elevar el nivel de conciencia, o "emergencia espiritual". Este libro pretende cumplir una función educativa para las personas que atraviesan este tipo de crisis, para sus familiares y amigos, para los sacerdotes o pastores a los que consulten, y para los terapeutas que les traten. Esperamos que ayudará a convertir dichas crisis en oportunidades para el crecimiento personal.


El concepto de emergencia espiritual integra los hallazgos de muchas disciplinas, incluidas la psiquiatría experimental y clínica, las investigaciones modernas sobre la conciencia, las psicoterapias vivenciales, los estudios de campo antropológicos, la parasicología, la tanatología, las religiones comparadas y la mitología. Las observaciones de todos estos campos sugieren con fuerza que las emergencias espirituales poseen un potencial positivo y no deben ser confundidas con las enfermedades que tienen una causa biológica y necesitan trata miento médico. Como veremos a lo largo de este libro, este enfoque es totalmente congruente con la antigua sabiduría y con la ciencia moderna.

Este libro se centra principalmente, aunque no de manera exclusiva, en las experiencias que tienen explícitamente un contenido o significado espiritual. A través de todos los tiempos, los estados visionarios han jugado un papel sumamente importante. Desde los trances extáticos de los chamanes o mujeres y hombres curanderos, hasta las revelaciones de los fundadores de las grandes religiones, profetas, santos y maestros espirituales, dichas experiencias han sido fuente de entusiasmo religioso, de curaciones notables y de inspiración artística. Todas las culturas antiguas y preindustriales han dado un gran valor a los estados no ordinarios de conciencia, considerándolos instrumentos importantes de aprendizaje sobre los aspectos ocultos del mundo y de conexión con las dimensiones espirituales de la existencia.
La llegada de la Revolución industrial y científica cambió drásticamente esta situación. El racionalismo se convirtió en la medida definitiva de todas las cosas, reemplazando rápida mente a la espiritualidad y a las creencias religiosas. En el curso de la Revolución científica en Occidente, se descalificó todo lo que se relacionara con el misticismo, aunque fuera remotamente, como un vestigio de las Edades del oscurantismo. A partir de entonces, ya no se han considerado los esta dos visionarios como complementos importantes de los esta dos ordinarios de conciencia, capaces de proporcionar valiosa información acerca del ser y de la realidad, sino como distorsiones patológicas de la actividad mental. Este juicio se ha reflejado en el hecho de que la psiquiatría moderna intenta suprimir estos estados, en lugar de apoyarlos y permitirles que se desarrollen siguiendo su curso natural.
Cuando se aplicaban a la psiquiatría esquemas médicos, los investigadores eran capaces de encontrar explicaciones biológicas a algunos desórdenes que tenían manifestaciones psíquicas. Se descubrió que muchos estados psíquicos tenían causas orgánicas, como infecciones, tumores, deficiencias vitamínicas y enfermedades vasculares o degenerativas del cerebro. Además, la psiquiatría, orientada con los mismos puntos de vista de la medicina, descubrió los medios para controlar los síntomas de aquellos estados a los que no se les encontraban causas biológicas.
Estos resultados fueron suficientes para situar a la psiquiatría como una subespecialidad de la Medicina, a pesar de que todavía no se han encontrado causas orgánicas para la mayoría de los problemas que tratan los psiquiatras. Como consecuencia de todo este desarrollo histórico, a las personas que sufren trastornos emocionales y psicosomáticos diversos se les llama automáticamente pacientes, y a las dificultades que tienen se les llama enfermedades de origen desconocido, aun cuando los descubrimientos clínicos y de laboratorio no respaldan en absoluto la aplicación de estas etiquetas.


Por añadidura, la psiquiatría tradicional no distingue entre psicosis y misticismo y tiende a tratar todos los estados no ordinarios de conciencia con medicamentos inhibitorios. Esta evolución ha creado un cisma característico en la cultura occidental. Oficialmente, se presenta a la tradición judeocristiana como la base y la espina dorsal de la civilización occidental. Todas las habitaciones de los hoteles tienen un ejemplar de la Biblia en el cajón de la mesilla de noche, y los políticos de alto rango hacen referencias a Dios en sus discursos. Sin embargo, si cualquier miembro de una comunidad religiosa tuviera una profunda experiencia espiritual parecida a las que han tenido muchos personajes importantes de la historia del cristianismo, el sacerdote o pastor ordinario le enviaría al psiquiatra.

Esta situación ha ido cambiando muy rápidamente durante las últimas décadas. Los años sesenta fueron testigos de una ola de interés por la experimentación de la espiritualidad y de la conciencia, que se manifestó de muchas mane ras, abarcando desde un renacimiento de las prácticas espirituales antiguas y orientales, hasta la proliferación de psicoterapias vivenciales y la autoexperimentación con drogas psicodélicas. En esa época, muchas personas se implicaron profundamente en la meditación y en otras formas de práctica espiritual, por su propia cuenta o bajo la guía de algún maestro.

Como estas técnicas están diseñadas específicamente para facilitar la apertura espiritual, la espiritualidad se convirtió para mucha gente en una experiencia personal, en lugar de ser algo que habían oído o leído. Desde los años sesenta ha aumentado constantemente el número de personas que han pasado por estados místicos y paranormales. Tal como indican encuestas anónimas llevadas a cabo por el pastor y escritor Andrew Greeley y por George Gallup, una parte considerable de la población admite actualmente haber tenido dichas experiencias. Aunque no existen datos estadísticos fiables disponibles, parece que está aumentando año tras año el número de dificultades relacionadas con experiencias espirituales.

En lugar de sacar la conclusión de que nos encontramos en medio de una epidemia general de demencia, sobre la base de este aumento de experiencias místicas y visionarias, deberíamos volver a valorar la relación entre psiquiatría, espiritualidad y psicosis. Para nuestra sorpresa, empezamos ahora a darnos cuenta de que, al relegar las experiencias místicas al mundo de la patología, quizá estemos tirando al bebé junto con el agua de su bañera. Paso a paso, la espiritualidad está volviendo a la psiquiatría y a la ciencia en general.

La popularidad del psiquiatra suizo C.G. Jung, cuyo trabajo pionero representa un hito en la nueva valoración de la espiritualidad, está aumentando rápidamente entre los profesionales de la salud mental, en las universidades y en los círculos profanos. Lo mismo ocurre con la psicología transpersonal, una nueva disciplina que sirve de puente entre la ciencia y las tradiciones espirituales. La convergencia entre los avances revolucionarios de la ciencia moderna y la visión del mundo de las escuelas místicas ha sido el tema de muchos libros, populares y profesionales, que han tenido una gran acogida por parte de un amplio público. El saludable núcleo místico que inspiró y alimentó a todos los grandes sistemas espirituales está siendo descubierto y formulado de nuevo hoy día con términos científicos modernos.

Parece que cada vez más gente se está dando cuenta de que la verdadera espiritualidad se basa en la experiencia personal, y de que constituye una dimensión esencial e imprescindible de la vida humana. Tal vez estemos pagando un precio excesivo por haber rechazado una fuerza que alimenta, enriquece y da sentido a la vida humana. A nivel individual, las consecuencias parecen ser la creación de un modo de vida empobrecido, infeliz e insatisfactorio, junto con un aumento de los problemas emocionales y psicosomáticos. A escala colectiva, puede que la pérdida de espiritualidad sea un factor significativo de la peligrosa crisis global de nuestros días, que amenaza la supervivencia humana y la de toda la vida de este planeta. A la vista de esta situación, creemos que es importante ofrecer ayuda a las personas que atraviesan crisis de apertura espiritual, y crear las condiciones en las que pueda realizarse plenamente el potencial que conllevan estos estados de crisis.

Sin embargo, también es necesario ser prudentes. Los casos de estados no ordinarios de conciencia abarcan un amplísimo espectro, que va desde los estados puramente espirituales sin ningún síntoma patológico hasta situaciones de naturaleza claramente biológica que requieren tratamiento médico. Es de extrema importancia adoptar una actitud equilibrada y ser capaz de diferenciar las emergencias espirituales de las auténticas psicosis. Mientras que los enfoques tradicionales tienden a tratar los estados místicos como psicosis, existe el peligro contrario de espiritualizar estados psicóticos y glorificar la patología o, lo que es peor todavía, de pasar por alto un problema orgánico.
La terapia transpersonal no es apropiada en casos clara mente psicóticos, caracterizados por ausencia de introspección, imágenes y alucinaciones paranoicas, y formas extravagantes de conducta. Las personas con síntomas crónicos y un largo historial de tratamiento en establecimientos clínicos, que necesitan grandes dosis de tranquilizantes. no son obviamente candidatos para los nuevos enfoques. Sin embargo, creemos firmemente que, a pesar de que exista la posibilidad de calificar de manera equivocada tina emergencia espiritual, es importante continuar nuestros esfuerzos, porque sus beneficios son significativos para aquellas personas que atraviesan una crisis de transformación. En nuestro primer capítulo, "Emergencia espiritual: la comprensión de las crisis evolutivas", examinaremos con más detalle el tema de la distinción entre los estados patológicos y las crisis transpersonales.


Nuestro interés en este campo es muy personal y está íntimamente relacionado con nuestras historias particulares. Stanislav comenzó su carrera profesional como psiquiatra tradicional y analista freudiano. Una experiencia profunda vivida en una sesión de experimentación con productos psicodélicos, que había sido dirigida dentro de un contexto de investigación, le llevó a interesarse por los estados no ordinarios de conciencia. Más de tres décadas de investigación y de observaciones sobre experiencias no ordinarias, propias y de otras personas, le llevaron a la conclusión de que la comprensión actual de la psique humana es todavía superficial e inadecuada para la tarea de describir los fenómenos de los que había sido testigo. También comprobó que muchos de los estados que los psiquiatras consideran como manifestaciones de perturbaciones mentales de origen desconocido son, de hecho, expresiones de un proceso de autocuración psíquica y corporal. Explorar el potencial terapéutico de estos estados y los desafíos teóricos que implican se ha convertido a lo largo de su vida en su principal objeto de estudio.

El interés de Christina por el tema de la crisis espiritual también proviene de una profunda motivación personal. Durante un parto, experimentó un despertar espiritual espontáneo y totalmente inesperado, al que siguieron años de fuertes experiencias que iban desde el sufrimiento más horrible hasta el éxtasis. Después de años de investigación, descubrió que sus dificultades correspondían exactamente a las descripciones del "despertar de la Kundalini", un proceso de apertura espiritual descrito en los textos sagrados hindúes. (Lee Sannella describe más ampliamente este fenómeno en su ensayo "La Kundalini desde el punto de vista clásico y clínico",incluido en la Segunda parte de este libro).

En un intento de ayudar a las personas que atraviesan situaciones difíciles similares, Christina fundoen 1980 la Red de Emergencia Espiritual (Spiritual Emergence Network, SEN), que es una organización de ámbito mundial que apoya a personas que experimentan crisis espirituales, les proporciona información y una nueva comprensión de su proceso, y les aconseja sobre alternativas disponibles para los tratamientos tradicionales.

Este libro forma parte de nuestros esfuerzos. Presentamos una serie de artículos de varios autores, que ofrecen una visión nueva de las experiencias y de los estados de conciencia fuera de lo común, y que exploran su potencial positivo y los medios de trabajar con ellos.

La Primera parte, "Locura divina", investiga la relación entre psicología, espiritualidad y psicosis. Empieza con nuestra propia aportación introductoria, "Emergencia espiritual: la comprensión de las crisis evolutivas", que explica en términos generales el tema de este libro. Define el concepto de emergencia espiritual, describe las diferentes formas que adopta, y expone un nuevo mapa de la psique basado en la investigación actual sobre la conciencia, que puede proporcionar una útil orientación a las personas que atraviesan crisis espirituales.

Roberto Assagioli, psiquiatra italiano y fundador de un original sistema psicoterapéutico llamado psicosíntesis, fue un verdadero pionero en el campo de la psicología transpersonal. Al igual que Jung, subrayó el papel de la espiritualidad en la vida humana y formuló muchas ideas esenciales para el concepto de emergencia espiritual. Su ensayo, "Autorrealización y perturbaciones psicológicas", que describe los problemas emocionales que preceden, acompañan y siguen a la crisis espiritual, es un documento de enorme valor histórico y de una importancia teórica y práctica fundamental.


R.D. Laing ha sido durante muchos años una de las figuras más estimulantes y controvertidas de la psiquiatría contemporánea. Desafiando al mismo tiempo la psiquiatría tradicional y a la sociedad occidental, afirma que la cordura de nuestra sociedad es, en el mejor de los casos, una "pseudocordura" y que lo que se llama enfermedad mental no es una verdadera locura. La contribución de Laing a esta antología, titulada "La experiencia trascendente en relación con la religión y la psicosis", tiene un interés particular, ya que en ella expresa su actitud ante las experiencias místicas y la espiritualidad.

La Segunda parte, "Clases de emergencia espiritual", se centra más específicamente en las diferentes formas de crisis personales evolutivas.

El artículo del psicólogo y antropólogo Holger Kalweit, "Cuando la demencia es una bendición: el mensaje del chamanismo", investiga la sabiduría del chamanismo -la religión y el arte de curar más antiguos del mundo. Kalweit muestra cómo ciertas formas de sufrimiento y de enfermedad tienen un potencial para la autocuración y para la transformación. Este conocimiento, que era un hecho obvio entre las culturas tribales de todos los tiempos, se ha perdido en la sociedad occidental contemporánea.

La idea del despertar de la Kundalini, una forma espectacular y energética de apertura espiritual, se ha hecho muy popular en Occidente, gracias a los prolíficos escritos de Gopi Krishna, un pandit de Cachemira que había experimentado personalmente una transformación espectacular y estimulan te de este tipo. En este libro, se trata este tema en el ensayo "La Kundalini desde el punto de vista clásico y clínico", del psiquiatra y oftalmólogo Lee Sannella, que tiene el mérito de haber introducido el síndrome de la Kundalini entre los profesionales occidentales. Complementa en éste el punto de vista tradicional sobre el tema según una perspectiva médica y científica.

Los problemas de las personas que han tenido "encuentros con ovnis" y que han experimentado otras formas de con tactos extraterrestres son tan parecidos a los producidos por las crisis de transformación, que dichas experiencias pueden considerarse como emergencias espirituales. Este tema es tratado en el ensayo de Keith Thompson, "La experiencia de encuentros con ovnis como crisis de transformación".

La Tercera parte, "La accidentada búsqueda del Ser: problemas del buscador espiritual" trata de los problemas que pueden encontrarse los buscadores espirituales a lo largo de una práctica sistemática. Los escritos místicos de todas las culturas y de todos los tiempos abundan en ejemplos de los escollos y complicaciones que podemos encontrar cuan do emprendemos un camino espiritual. Este tema lo tratan dos conocidos maestros espirituales de reconocida competencia. El ensayo de Jack Kornfield, "Obstáculos y vicisitudes en la práctica espiritual", se basa en la tradición bu dista con algunas incursiones en otros sistemas de creencias. Richard Alpert, más conocido bajo su nombre espiritual, Ram Dass, describe algunos de los frutos de su fascinante y rica búsqueda personal, que se ha prolongado a lo largo del último cuarto de siglo, en "Promesas y peligros del camino espiritual".




La Cuarta parte, "Ayuda a las personas en emergencia espiritual", se centra en los problemas prácticos que suscita la asistencia a individuos que atraviesan crisis psicoespirituales. En nuestro propio ensayo sobre este tema, "La ayuda en casos de emergencia espiritual", exploramos las diferentes formas de ayuda que pueden ofrecer la familia, los amigos, los guías espirituales, las comunidades y los terapeutas profesionales.

En el epílogo, hemos intentado situar el problema de la emergencia espiritual dentro del contexto de la crisis que la humanidad actual está afrontando. Creemos firmemente que la emergencia espiritual -la transformación de la conciencia de la humanidad a gran escala- es una de las pocas tendencias realmente prometedoras del mundo de hoy.

El apéndice proporciona sugerencias de lecturas posteriores para aquellos lectores que deseen ampliar su información sobre los diversos temas investigados en este libro. También se incluye un extensa bibliografía sobre la emergencia espiritual y los asuntos relacionados con ésta.

Esperamos que esta selección de ensayos proporcionará una información válida para aquellas personas que atraviesan una crisis psicoespiritual y que buscan comprensión y trata miento que favorezcan el potencial positivo de estos estados.

Stanislav Grof
Christina Grof
Mill Valley, California
Agosto de 1989



PRIMERA PARTE:

LOCURA DIVINA:
PSICOLOGÍA, ESPIRITUALIDAD Y PSICOSIS EMERGENCIA ESPIRITUAL:
LA COMPRENSIÓN DE LAS CRISIS EVOLUTIVAS

por Stanislav Grof y Christina Grof

El místico, dotado con talentos naturales... y siguiendo... las instrucciones de un maestro, penetra en el agua y se da cuenta de que puede nadar; por el contrario, el esquizofrénico, no dotado, sin preparación y sin guía, se cae o se sumerge deliberadamente y se ahoga.
JOSEPH CAMPBELL




Sentimientos de unidad con el universo entero. Visiones e imágenes de tiempos y lugares lejanos. Sensaciones de corrientes vibrantes a través de todo el cuerpo, acompañadas de espasmos y fuertes temblores. Visiones de dioses, semidioses y demonios. Vívidos destellos de luces brillantes con colores del arco iris. Miedo a caer en una locura inminente, o también a morir.

Cualquiera que experimente estos fenómenos extremos físicos y mentales es etiquetado inmediatamente como psicótico por la mayoría de los occidentales. Sin embargo, cada vez es mayor el número de personas que parecen haber tenido experiencias similares a las que acabamos de describir, y en lugar de caer irremediablemente en la demencia, con frecuencia emergen de estos estados extraordinarios con una mayor sensación de bienestar y un mejor funcionamiento en su vida diaria. Además, en muchos casos se han solucionado a lo largo de este proceso viejos problemas emocionales, físicos y mentales.
Podemos encontrar muchos paralelismos de incidentes parecidos en las vidas de los santos, de los yoguis, de los místicos y de los chamanes. De hecho, todas las obras espirituales y las tradiciones de todo el mundo validan el poder de curación y de transformación de tales estados extraordinarios para aquellas personas que los viven. Entonces, ¿por qué las personas que tienen este tipo de experiencias en el mundo actual son rechazadas casi siempre como enfermos mentales?
Aunque existen muchas excepciones individuales, la corriente principal de la psicología y de la psiquiatría, en general, no distingue entre misticismo y enfermedad mental. Estas disciplinas no reconocen oficialmente que las grandes tradiciones espirituales que se han dedicado al estudio de la conciencia hu mana durante milenios tienen algo que ofrecer. Así, se ignoran y se desechan de manera indiscriminada los conceptos y prácticas que se encuentran en el budismo, el hinduismo, el cristianismo, el sufismo y otras tradiciones místicas.
En este ensayo exploraremos la idea de que muchos sucesos de los estados no habituales de la mente, incluso aquellos que son dramáticos y alcanzan proporciones psicóticas, no constituyen forzosamente síntomas en un sentido médico estricto. Nosotros las consideramos como crisis en la evolución de la conciencia, o "emergencias espirituales", comparables a los estados descritos por las diversas tradiciones místicas del mundo.

Antes de pasar concretamente al concepto de emergencia espiritual, examinemos más de cerca la relación entre la psicosis, la perturbación mental, el misticismo y el desarrollo histórico, que ha desembocado en el rechazo de las experiencias espirituales y místicas clásicas como síntomas de enfermedad mental por parte de la ciencia y de la psiquiatría modernas.

La visión del mundo creada por la ciencia tradicional occidental, y que es la visión dominante en nuestra cultura, cuando se aplica en su forma más estricta es incompatible con cualquier noción de espiritualidad. En un universo en el que solamente son reales las formas materiales, tangibles y mensurables, se considera que todas las demás formas de actividad religiosa o mística reflejan ignorancia, superstición, irracionalidad o inmadurez emocional. De esta manera, las vivencias directas de realidades espirituales son interpretadas como "psicóticas", es decir, como manifestaciones de perturbaciones mentales.

Nuestras experiencias y observaciones personales, duran te años de implicación en diversas formas de psicoterapia vivencíal profunda, nos han conducido a la convicción de que es importante reconsiderar con ojos nuevos esta situación en la psiquiatría y en nuestra visión del mundo en general, para hacer una nueva valoración a la luz de la evidencia, tanto histórica como reciente. Hace tiempo que debería haberse hecho una revisión radical del misticismo y de la psicosis. Una clara distinción entre estos dos tipos de fenómenos comporta consecuencias de gran repercusión práctica para aquellas personas que experimentan estados no ordinarios de conciencia, en especial cuando tienen un matiz espiritual. Es importante reconocer las emergencias espirituales y tratarlas adecuada mente, porque poseen un gran potencial positivo de crecimiento personal y de curación, que normalmente sería eliminado por un enfoque insensible y una indiscriminada medicación de rutina

El grupo de las perturbaciones mentales conocido como psicosis representa un desafío y un enigma considerables para la psiquiatría y la psicología occidental. Estos estados se caracterizan por una profunda ruptura de la capacidad de percibir el mundo normalmente, de pensar y de responder emocionalmente de una manera cultural y socialmente aceptable, y de comportarse y comunicar de manera apropiada.

La ciencia moderna ha encontrado cambios anatómicos, fisiológicos, o bioquímicos, subyacentes en el cerebro o en otras partes del organismo, para explicar algunas de las perturbaciones que entran en la categoría de psicosis. A este subgrupo se le ha llamado el de las psicosis orgánicas y pertenece sin ninguna clase de dudas al terreno de la medicina. Sin embargo, no se ha encontrado ninguna explicación médica para muchos otros estados psicóticos, a pesar de los esfuerzos centrados en ellos de generaciones de investigadores procedentes de diversos campos de la ciencia. A pesar de la ausencia de resultados en la búsqueda de causas específicamente médicas, estas llamadas psicosis funcionales normalmente se sitúan dentro de la categoría de enfermedades mentales de causa desconocida. Este es el subgrupo de psicosis que nos interesa aquí.

Teniendo en cuenta la ausencia de un claro consenso sobre las causas de las psicosis funcionales, sería más apropiado y honesto reconocer nuestra total ignorancia respecto a su naturaleza y origen, y utilizar el término enfermedad únicamente para aquellos estados para los que podemos encontrar un fundamento físico concreto. De esta manera podemos abrir la puerta a nuevos enfoques, al menos sobre algunas psicosis funcionales, creando nuevas perspectivas que difieren teórica y prácticamente del punto de vista médico sobre la enferme dad. Ya se han desarrollado alternativas, particularmente en el contexto de las llamadas psicologías profundas. Éstas constituyen diversas teorías psicológicas y estrategias psicoterapéuticas inspiradas en el trabajo pionero de Sigmund Freud.

Aunque los enfoques de la psicología profunda se exponen y se enseñan en los círculos académicos, la comprensión y el tratamiento de las psicosis funcionales en la corriente principal de la psiquiatría están dominados por una serie de razones por el pensamiento médico. Históricamente, la psiquiatría ha sido capaz de establecerse sólidamente como una disciplina médica. Ha encontrado un fundamento orgánico para ciertos estados psicóticos y, en algunos casos, incluso tratamientos eficaces para los mismos. Además, ha sido capaz de controlar con éxito los síntomas de los estados psicóticos de origen conocido mediante productos tranquilizantes, antidepresivos, sedantes e hipnóticos. En consecuencia, podía parecer lógico ampliar esta trayectoria y esperar conseguir resultados en la misma línea, en aquellas perturbaciones para las que todavía no se han encontrado las causas ni su tratamiento.


Existen otros hechos suplementarios que refuerzan la perspectiva médica o psiquiátrica. La psiquiatría atribuye los estados y las conductas psicóticas a condiciones físicas y fisiológicas, mientras que las psicologías profundas intentan encontrar las causas de los problemas mentales en acontecimientos y circunstancias de la vida del paciente, normalmente sucesos ocurridos en su infancia. Así, la psicología tradicional limita las fuentes de todo el contenido de la mente a aspectos observables de la historia personal del cliente. A esto es a lo que llamamos el "modelo biográfico" de la psicosis. Por lo tanto, los comportamientos y los estados de mente psicóticos a los que no se pueden encontrar causas en la historia biográfica, parecerían dar la razón al modelo médico.

Es cierto que existen aspectos significativos de muchas psicosis que no pueden explicarse con el método psicológico de encontrar sus orígenes en la historia de la vida del paciente. Algunos implican ciertas emociones y sensaciones físicas extremas, que no pueden entenderse fácilmente a partir de la historia de la infancia del individuo o de acontecimientos posteriores. A ellos pertenecen, por ejemplo, las visiones y experiencias de ser absorbido por el universo, de torturas diabólicas, de desintegración de la personalidad, o incluso de destrucción del mundo. Igualmente, en muchos casos, tampoco se puede encontrar la pista de sentimientos de culpabilidad profunda o de condena eterna, ni de impulsos agresivos indiscriminados, en acontecimientos o situaciones concretas de la vida del paciente. Podríamos entonces asumir fácilmente que dichos elementos extraños de la psique puedan deber se a procesos orgánicos patológicos que han afectado al cerebro de manera directa o indirecta.

Existe otro tipo de experiencias que presenta dificultades para el punto de vista biográfico, no sólo a causa de su intensidad, sino también de su misma naturaleza. Experiencias de dioses y demonios, héroes y paisajes míticos, o regiones celestiales o infernales, no tienen un lugar lógico en el mundo, tal como lo entiende la ciencia occidental. Por ello parece obvio sugerir, como lo hace la perspectiva médica, que deben ser producto de algún proceso físico desconocido de una enfermedad. La naturaleza mística de muchas experiencias de estados no ordinarios de conciencia los sitúa automáticamente en la categoría de lo patológico, puesto que no se considera la espiritualidad como una dimensión legítima en el universo exclusivamente material de la ciencia tradicional.

Sin embargo, los descubrimientos recientes de la psicología han comenzado a sugerir algunas fuentes para dichas experiencias extraordinarias, que están fuera de la patología médica y de la historia personal. Históricamente, el primer paso de ruptura a este respecto fue la obra del psiquiatra suizo C.G. Jung. Éste amplió en alto grado el modelo biográfico introduciendo el concepto de inconsciente colectivo. Mediante un análisis cuidadoso de sus propios sueños, los de sus clientes, y las alucinaciones y fantasías de psicóticos, Jung descubrió que la psique humana tiene acceso a imágenes y motivos que son realmente universales. Pueden encontrarse en la mitología, el folklore y el arte de las culturas esparcidas por todo el mundo y a lo largo de toda la historia de la humanidad

Estos arquetipos, como Jung los llamó, aparecen con asombrosa regularidad, incluso en individuos cuya historia y educación personales no han tenido contacto directo con sus manifestaciones culturales e históricas. Esta observación le llevó a la conclusión de que existe -además de un inconsciente individual- un inconsciente racial o colectivo que es compartido por toda la humanidad. Descubrió que las religiones y las mitologías comparadas son fuentes inapreciables de información sobre estos aspectos colectivos del inconsciente. En el modelo de Jung, muchas experiencias que no tienen sentido como resultado de acontecimientos biográficos, del tipo de las visiones de dioses y de demonios, pueden considerarse como la aparición de contenidos del inconsciente colectivo.

Aunque las teorías de Jung han sido conocidas desde hace décadas, no tuvieron al principio una influencia significativa fuera de los estrechos círculos de sus más fieles seguidores. Sus ideas estaban muy por delante de su época y tuvieron que esperar un impulso adicional para cobrar fuerza. Esta situación empezó a cambiar en los años sesenta, periodo en el que se produjo un intenso renacimiento del interés por el alcance potencial de la conciencia humana. Esta Era de exploración interna comenzó con la experimentación clínica con drogas psicodélicas entre los profesionales y la experimentación personal de una parte de la población no profesional, lo que llegó a conocerse durante un tiempo como la contracultura. La exploración continuó con una avalancha de técnicas vivenciales de prácticas psicoterapéuticas y espirituales de todas clases, que iban desde la terapia Gestalt hasta la meditación trascendental, practicadas tanto por terapeutas como por todo tipo de personas.

A medida que muchas personas empezaban a tener la experiencia de las imágenes y símbolos que Jung había atribuido al inconsciente colectivo, así como a pasar por estados tradicionales de naturaleza mística, esta ola aportó evidencias que apoyaban las ideas de Jung y una poderosa validación de las tradiciones místicas del mundo, tanto orientales como occidentales. Durante ese periodo, se hizo obvio para muchos practicantes implicados en estas exploraciones que necesitábamos un nuevo modelo de la psique, cuyos elementos fundamentales incluyesen no sólo la dimensión biográfica de Freud, sino también el inconsciente colectivo de Jung y la espiritualidad.



Cuando se piensa en la mente en términos de esta vasta expansión, los contenidos de las experiencias que emergen durante los diversos estados no ordinarios de conciencia no se ven como productos casuales y arbitrarios de un funcionamiento deteriorado del cerebro. Por el contrario, son manifestaciones de huecos profundos de la psique humana que no son normalmente accesibles. El que este material inconsciente surja a la superficie puede ser realmente curativo y transformador, si sucede en las circunstancias adecuadas. Diversas disciplinas espirituales y tradiciones místicas, que van desde el chamanismo hasta el budismo Zen, representan ricos depósitos que contienen un conocimiento invalorable en relación con estos territorios más profundos de la psique. Durante siglos se ha sabido que en el transcurso de la práctica espiritual pueden darse muchos episodios difíciles y dramáticos y que el camino de la iluminación puede ser duro y accidentado.

Así pues, la luz proporcionada por la psicología profunda y las herencias espirituales antiguas proporcionan la base para una nueva comprensión de algunos de los estados psicóticos para los que no se puede encontrar ninguna causa biológica. Los desafíos a la psiquiatría moderna presentados por estas escuelas de conocimiento nos muestran las raíces de la idea de la emergencia espiritual, un concepto que examinaremos a continuación con mayor detalle.


La promesa y el peligro de la emergencia espiritual

El ideograma chino de crisis representa perfectamente la idea de la emergencia espiritual. Está compuesto de dos signos básicos o de dos raíces: uno de ellos significa "peligro" y el otro "oportunidad". Así, aunque atravesar un estado de crisis suele ser dificil y producir temor, también conlleva un potencial enormemente evolutivo y curativo. Si se comprenden adecuadamente y se tratan como etapas difíciles en un proceso de desarrollo natural, las emergencias espirituales pueden producir la curación espontánea de desórdenes emocionales y psicosomáticos diversos, cambios positivos en la personalidad, soluciones a importantes problemas de la vida, y una evolución hacia lo que algunos llaman "la conciencia superior".

A causa del peligro concomitante y del potencial de estas crisis, las personas que pasan por una emergencia espiritual necesitan una guía experta por parte de aquellas personas que poseen una experiencia personal y profesional en estados no ordinarios de conciencia y saben cómo trabajar con éstos y apoyarlos. En las personas que atraviesan una crisis evolutiva de esta naturaleza, las etiquetas patológicas y la utilización insensible de diversas medidas represivas, que incluyen el control de los síntomas mediante medicación, pueden interferir en el potencial positivo del proceso. La consecuente dependencia a largo plazo de los tranquilizantes y sus bien conocidos efectos secundarios, la pérdida de vitalidad y una manera de vivir limitada, contrastan tristemente con aquellas raras situaciones en las que la crisis de transformación de la persona ha sido alentada, reconocida, y se ha permitido que llegue a su plenitud. Por ello, nunca se podrá exagerar la importancia de comprender la emergencia espiritual y de desarrollar enfoques comprensivos y eficaces para elaborar sistemas de trata miento y de apoyo adecuados. (El tema del tratamiento queda ampliado en nuestro ensayo "La ayuda en casos de emergencia espiritual".)

Detonadores de las crisis de transformación

En algunos casos, es posible identificar la situación que parece haber provocado la emergencia espiritual. Puede ser un factor principalmente físico, como una enfermedad, un accidente o una operación. En otras ocasiones, un esfuerzo físico agotador o una prolongada falta de sueño puede ser el detonador inmediato. En las mujeres, puede ser el parto, un parto malogrado o el aborto; también hemos visto situaciones en las que el comienzo del proceso coincidió con una experiencia sexual excepcionalmente intensa.
Ocasionalmente, el inicio de una emergencia espiritual puede ser el resultado de una fuerte experiencia emocional. Puede tratarse de la pérdida de una importante relación, como la muerte de un hijo o de un pariente cercano, el fin de una relación amorosa o el divorcio. Igualmente, una serie de fracasos, como ser despedido de un trabajo o la pérdida de una propiedad, puede preceder el desencadenamiento de una crisis evolutiva. En personas predispuestas, la "ultima gota" puede ser una experiencia con drogas psicodélicas o una sesión de psicoterapia existencial.
Sin embargo, uno de los catalizadores más importantes de la emergencia espiritual parece ser la implicación profunda en alguno de los métodos de meditación y de las prácticas espirituales. Repetidamente hemos tenido contacto con personas cuyas experiencias extraordinarias ocurrieron durante la práctica del Zen, de la meditación budista Vipassana, del Kundalini yoga, de ejercicios sufíes, o de la oración cristiana y la contemplación monástica. A medida que las diversas disciplinas espirituales orientales y occidentales ganan popularidad a ritmo acelerado, cada vez más personas parecen experimentar crisis transpersonales; ésta es una razón más para que la comprensión y el tratamiento adecuados de las emergencias espirituales sea un asunto de importancia creciente.

Mapas internos de la emergencia espiritual

El espectro existencial de las emergencias espirituales es extremadamente rico: abarca emociones intensas, visiones y otros cambios de percepción, procesos no habituales de pensamiento, junto con síntomas diversos que incluyen desde temblores hasta sentimientos de ahogo. No obstante, hemos observado que el contenido de estas experiencias parece circunscribirse a tres categorías principales: el primer grupo abarca experiencias estrechamente relacionadas con la historia de la vida del individuo, y es conocido como la categoría biográfica. La segunda categoría gira en torno a los temas de la muerte y el renacimiento; la estrecha relación con el trauma del nacimiento biológico otorga a este grupo el nombre de perinatal. La tercera categoría está mucho más allá de los límites de la experiencia humana ordinaria y se halla relacionada muy de cerca con el inconsciente colectivo jungiano; llamamos a estas experiencias transpersonales porque implican imágenes y motivos que parecen tener su fuente al margen de la historia personal del sujeto en cuestión.



Los aspectos biográficos de las emergencias espirituales implican revivir y sanar acontecimientos traumáticos de la vida de la persona de que se trate. El afloramiento de recuerdos importantes de la infancia, como el abuso físico o sexual, la pérdida del padre, de la madre o de un ser querido, el encuentro cercano con la muerte, la enfermedad o una operación, y otros acontecimientos difíciles pueden jugar a veces un papel importante en las crisis de transformación. Este terreno ha sido explorado y cartografiado a fondo por terapeutas orientados hacia la biografía de la persona y, por ello, no requiere una exposición más amplia en estas páginas.
El siguiente nivel de experiencias en la emergencia espiritual es el perinatal (del griego peri, que significa "alrededor" o "cerca de" y del latín natalis, que significa "concerniente al nacimiento"). Este aspecto de la emergencia espiritual se centra en los temas de morir y renacer, y se desarrolla según un modelo que comporta una estrecha relación con las fases del nacimiento biológico y que parece implicar un revivir el recuerdo de la propia venida al mundo.
Como la mayoría de nosotros no recordamos consciente mente nuestro propio nacimiento, nos es difícil creer que la experiencia de ser renacidos tenga algún impacto en la formación del ser humano. Los descubrimientos recientes, sin embargo, sugieren lo contrario. El incipiente movimiento perinatal en el campo de la psicología, cuyos orígenes se encuentran en las teorías del discípulo de Freud, Otto Rank, y que ha cobrado fuerza a partir de las investigaciones de David Chamberlain y otros profesionales, afirma con fundamento que la memoria enterrada del trauma del nacimiento ejerce un profundo efecto en la psique y que puede resurgir posteriormente a lo largo de la vida.
Revivir el recuerdo del nacimiento desemboca con frecuencia en la preocupación por la muerte y en imágenes relacionadas con ésta, que reflejan al mismo tiempo que el nacimiento es un acontecimiento difícil y amenazante para la vida, y que en sí mismo supone la "muerte" del periodo prenatal de existencia, la única clase de vida que el feto ha experimentado hasta entonces. Las personas que reviven el trauma del nacimiento sienten que sus vidas están siendo biológicamente amenazadas; este sentimiento alterna o coincide con experiencias de lucha para nacer o liberarse de alguna especie incómoda de reclusión. Los miedos de volverse loco, de perder el control, e incluso de muerte inminente, pueden hacerse tan intensos en este estado que se asemejan a los estados psicóticos.
Estos episodios tienen frecuentemente reminiscencias espirituales, que se viven como intensas aperturas místicas y una nueva conexión con lo Divino. En muchas ocasiones éstas se entremezclan con motivos psicológicos del inconsciente colectivo, que Jung describió como arquetipos, sugiriendo de manera fascinante que el nivel perinatal de la mente representa, de alguna manera, el puente entre el inconsciente colectivo y el inconsciente individual. Como muchos de los temas y facetas cautivantes de esta clase de emergencia espiritual y su relación con el nacimiento biológico trascienden el alcance de este libro, se puede encontrar una exposición más detallada en la obra de Stanislav Grof, The Adventure of Self Discovery.
Además de los contenidos biográficos y perinatales, muchas emergencias espirituales tienen un componente significativo de experiencias que pertenecen a la tercera categoría: episodios que son claramente espirituales o "transpersonales". La palabra transpersonal se refiere al hecho de trascender las fronteras ordinarias de la personalidad e incluye muchas experiencias que se han llamado espirituales, místicas, religiosas, ocultas, mágicas y paranormales. Como estos términos están asociados con muchos errores populares, es sumamente importante comprender adecuadamente el terreno de lo transpersonal para poder valorar correctamente los problemas relacionados con las emergencias espirituales.
La mejor manera de empezar nuestra exposición en este campo de experiencia es definir los factores que nos atan y nos limitan en la vida diaria, impidiéndonos contactar con la dimensión transpersonal. En los estados ordinarios de conciencia nos vivimos a nosotros mismos como seres físicos, cuerpos materiales encerrados en nuestra piel. Alan Watts, el famoso filósofo que popularizó el pensamiento religioso oriental entre el público occidental, se refería a esta situación como "la identificación con el ego encapsulado en la piel". Con nuestros cinco sentidos ordinarios nunca podemos experimentar sino lo que está sucediendo "aquí y ahora", los acontecimientos presentes en nuestro entorno inmediato. No podemos ver los acontecimientos de los que estamos separados por una montaña, oír las conversaciones mantenidas en una ciudad remota o sentir la suavidad de la piel de un cordero si no la tocamos.

Estas limitaciones parecen no se tener que aplicarse en los estados no ordinarios de conciencia. Cuando entramos en el campo de lo transpersonal, podemos experimentar acontecimientos remotos en el tiempo y en el espacio tan vívidamente como si estuvieran sucediendo aquí y ahora. Podemos participar en escenas con nuestros antepasados, antecedentes animales, o incluso personas de otros siglos y otras culturas que no tienen una relación ancestral con nosotros.
Nuestros límites personales parecen fundirse y podemos llegar a identificarnos con otras personas, grupos de gente o toda la humanidad. De hecho, podemos sentir que nos transformamos en entidades que ordinariamente percibimos como objetos fuera de nosotros, como personas, animales o árboles. En los estados transpersonales pueden ocurrir experiencias muy realistas y exactas de identificación con diversas formas de vida, e incluso con procesos inorgánicos, como los acontecimientos subatómicos descritos por la física cuántica.
Pero el contenido de las experiencias transpersonales no se limita al mundo de las cosas que existen en nuestra realidad cotidiana. Incluye elementos que la cultura occidental no acepta como objetivamente reales: podemos encontrar dioses, demonios, espíritus-guías, habitantes de otros universos, o figuras mitológicas, que nos parecen tan reales como las cosas que encontramos en nuestra vida de todos los días. Así, en el estado transpersonal, no diferenciamos el mundo de la "realidad consensuada", o el mundo convencional cotidiano del reino mitológico de las formas arquetípicas.
Esta afirmación puede parecer absurda al lector escéptico educado en la tradición de la ciencia occidental. ¿Por qué son importantes estas experiencias y de qué manera son relevantes para el tema de la emergencia espiritual? El hecho de que los fenómenos transpersonales parezcan reales y convincentes no quiere decir que deban tomarse en serio. Nuestros cerebros tienen una capacidad fantástica para almacenar con toda clase de detalles fotográficos todo lo que hemos oído, leído o visto en los libros, las películas y la televisión. ¿Por qué no sería posible que simplemente elaborásemos a partir de este material increíblemente variado innumerables secuencias diversas, que no tienen mayor significado ni relevancia? ¿No es un desperdicio de tiempo prestar tanta atención a estos fenómenos?
Este punto de vista, por lógico que parezca, no resiste la prueba de las evidencias existentes. Los investigadores que han estudiado seriamente las experiencias transpersonales han llegado a la conclusión de que son fenómenos extraordinarios que desafían el fundamento mismo de la visión del mundo tradicional occidental. Las experiencias transpersonales no pueden ser explicadas como productos de procesos neurofisiológicos dentro del marco científico tradicional, que sostiene que la conciencia reside únicamente en el órgano que se halla dentro de nuestros cerebros.
La principal razón para esta conclusión es la observación frecuente de que en las experiencias de esta clase podemos, sin intervención de los sentidos, llamar a otras fuentes de información sobre el universo que están fuera de los límites convencionalmente definidos de la psique individual. Las experiencias que incluyen a nuestros ancestros y acontecimientos de la historia de nuestra raza, episodios de vidas en otras culturas, y secuencias que tienen la cualidad de recuerdos de otros periodos de vida, suelen comportar descripciones detalladas de los trajes, las armas, los rituales y la arquitectura de las estructuras sociales de épocas históricas con las que nunca hemos estado personalmente en contacto.

Las experiencias de identificación con diversos animales o con los animales de los que procedemos pueden proporcionar comprensiones extraordinarias relativas a la psicología, los instintos, los hábitos y la manera de cortejar de los animales.
Con frecuencia puede surgir información nueva y fascinante a partir de experiencias relacionadas con plantas o con procesos inorgánicos. Dicha información está típicamente por encima del nivel de conocimientos de la persona que la recibe.
Sin embargo, la evidencia más convincente de la autenticidad de los fenómenos transpersonales proviene del estudio de las experiencias de salida del cuerpo, durante las cuales se puede sentir que la propia conciencia se ha separado del cuerpo y puede viajar y observar acontecimientos que suceden en lugares remotos. La exactitud de las observaciones hechas en los estados "fuera-del-cuerpo" han sido corroboradas repetidamente por los investigadores que estudian las experiencias al borde de la muerte, que frecuentemente comportan fenómenos de salida del cuerpo.
Lo más asombroso es que incluso las experiencias transpersonales que incluyen entidades y campos que no son reales según la visión occidental del mundo pueden vehicular informaciones absolutamente nuevas. Los detalles exactos procedentes de tales experiencias han sido verificados por una investigación en la mitología correspondiente de las sociedades en cuestión. (Como ya señalamos anteriormente, fueron tales observaciones las que condujeron a Jung al descubrimiento del inconsciente colectivo).
Aunque queda fuera del alcance de este ensayo profundizar en los detalles de las evidencias y proporcionar ejemplos concretos, esperamos que este breve bosquejo haya logrado mostrar que las experiencias transpersonales, que juegan un papel primordial en las emergencias espirituales, son acontecimientos extraordinarios que merecen un serio estudio. (Los lectores que estén particularmente interesados en esta investigación pueden encontrar más información en las obras de Stanislav Grof, Psicología transpersonal. Nacimiento, tnuerte y trascendencia en psicoterapia y The Adventure of'Self Discoverv.) Seria un grave error rechazar estos estados de la mente como productos irrelevantes o insignificantes de la patología del cerebro.
Desde un punto de vista práctico, es más importante en los estados transpersonales su extraordinario potencial terapéutico y de transformación que la autenticidad de la información recibida. Muchas dificultades psicológicas y emocionales son causadas por recuerdos olvidados de acontecimientos traumáticos de la historia personal. Sin embargo, parecen surgir otras complicaciones de la información aterrorizadora o amenazante que se encuentra justo bajo el umbral de la atención consciente en los terrenos perinatal y transpersonal. Aquí se incluyen las evocaciones traumáticas del nacimiento y las que parecen pertenecer a "vidas pasadas", la identificación con animales heridos, los arquetipos diabólicos, y muchos otros fenómenos. Cuando mediante diversas técnicas dejamos emerger este tipo de manifestaciones a la conciencia, para experimentarlas plenamente y analizarlas de cerca, pierden el poder perturbador que ejercen en nuestras vidas en caso contrario, y se pueden solventar los problemas crónicos psicológicos, e incluso físicos, cuyos orígenes eran previamente des conocidos.
De manera similar, también tienen un extraordinario impacto curativo directo las experiencias positivas y liberadoras, como la recuperación de recuerdos intrauterinos felices o los sentimientos de unidad y de unicidad con la naturaleza, las demás personas y lo divino. Con frecuencia nos proporcionan una mayor sensación de bienestar, una nueva perspectiva de nuestras dificultades inmediatas, y un sentimiento más amplio de dirección y de objetivos en la vida. Estas posibilidades extraordinarias nos impulsan a tratar las emergencias espirituales con gran respeto y a cooperar para realizar plenamente su enorme potencial curativo y de transformación.
Formas de emergencia espiritual
Las manifestaciones de las crisis evolutivas son eminente mente individuales, y ninguna emergencia espiritual es igual a otra. Dentro de la psique humana individual no existen fronteras definidas; todo su contenido forma un espacio continuo indivisible. Además, el inconsciente freudiano personal no está separado claramente del inconsciente colectivo jungiano. Por ello, no cabe esperar que las diversas clases de emergencia espiritual puedan ser claramente diagnosticadas y encasilladas y distinguirse fácilmente unas de otras.
No obstante, nuestro trabajo con personas en crisis, los intercambios con colegas profesionales que llevan a cabo un trabajo similar y la lectura de textos sobre el tema nos han llevado a estar convencidos de que es posible y útil definir ciertas formas principales de emergencia espiritual, que tienen rasgos específicos que las diferencian de otras. Naturalmente, sus fronteras son de alguna manera borrosas, y las combinaciones y los solapamientos entre sus distintas clases constituyen la regla más que la excepción.
Presentaremos en primer lugar una lista de las clases más importantes de "emergencia espiritual" y después daremos una breve descripción de cada una. (Se puede encontrar un descripción más detallada de algunos de estos estados en la Segunda parte de este libro, "Clases de emergencia espiritual").

1. La crisis chamánica
2. El despertar de la Kundalini
3. Episodios de conciencia unitiva ("experiencias cumbre")
4. Renovación psicológica mediante el retorno al centro.
5. La crisis de la apertura psíquica.
6. Experiencias de vidas pasadas.
7. Comunicaciones con guías espirituales y "canalización".
8. Experiencias al borde de la muerte.
9. Experiencias de encuentros cercanos con ovnis.
10. Estados de posesión.


La crisis chamánica

El chamanismo es la religión y el arte de curar más antiguos del mundo. Como fenómeno universal, probablemente se originó en la Era paleolítica y ha sobrevivido en la mayo ría de las culturas preindustriales hasta nuestros días. Así pues, está relacionado con aspectos muy básicos y primor diales de la psique humana.
La carrera de muchos chamanes -curanderos o mujeres y hombres "medicina"- comienza en diversas culturas con un episodio espectacular y visionario involuntario, que los antropólogos denominan "enfermedad chamánica". Durante este periodo, los futuros chamanes pueden perder el contacto con lo que les rodea y tener poderosas experiencias internas, que abarcan incursiones en el mundo subterráneo y ataques de demonios, que les exponen a increíbles torturas y sufrimientos. Éstos culminan frecuentemente en experiencias de muerte y desmembramiento, seguidas por un renacimiento y un ascenso a las regiones celestiales.
Cuando estos episodios se completan con éxito, pueden ser profundamente curativos; como consecuencia de esta crisis psicoespiritual, con frecuencia aumenta espectacularmente, no sólo la salud emocional del futuro chamán, sino también su salud física. Esta iniciación involuntaria puede conducir también a muchas comprensiones internas de las fuerzas de la naturaleza y de la dinámica de las enfermedades. A continuación de esta crisis, la persona se convierte en chamán y vuelve a la comunidad, integrándose totalmente en ella como miembro de honor. (Una exposición más detallada de este tema se encuentra en este libro, en el ensayo de H. Kalweit, "Cuando la demencia es una bendición: el mensaje del chamanismo").
Hemos visto casos en los que americanos, europeos, australianos y asiáticos actuales han experimentado episodios que tenían gran similitud con las crisis chamánicas. Además de elementos como sufrimientos emocionales y físicos, muer te y renacimiento, estos estados contienen también experiencias de conexión con los animales, las plantas y las fuerzas elementales de la naturaleza. Las personas que experimentan tales crisis pueden mostrar también tendencias espontáneas a crear rituales, que son idénticos a los practicados por los chamanes de culturas diversas.



El despertar de la Kundalini


La manifestación de esta forma de crisis se parece a las descripciones del despertar de la serpiente de poder, o Kundalini, que se encuentra en los textos históricos hindúes. Según los yoguis, la Kundalini es una forma de energía cósmica que reside en estado de latencia en la base de la columna vertebral del ser humano. Puede ser activada mediante la meditación, ejercicios específicos, la intervención de un maestro espiritual realizado y, en algunas ocasiones, por razones que son desconocidas.
La Kundalini activada se eleva a través de los canales del cuerpo sutil", que se describe en los textos yóguicos como un campo de energía etérica que rodea y se infunde en el cuerpo físico. A medida que asciende, clarifica viejas improntas traumáticas y abre los centros de la energía psíquica llamados chakras. Aunque este proceso es altamente valorado y se le considera benéfico en la tradición yóguica, comporta peligros y requiere la guía experta de un guru cuya Kundalini esté plenamente despierta y estabilizada.
Los signos más espectaculares del despertar de la Kundalini son manifestaciones físicas y fisiológicas llamadas kriyas. Se pueden experimentar intensas sensaciones de energía y calor que recorren la espina dorsal, junto con violentas sacudidas, espasmos y contorsiones. Pueden aflorar olas poderosas de emociones sin aparente motivo, como ansiedad,
enfado, tristeza, alegría o rapto extático, y dominar temporalmente la psique. Son también muy comunes las visiones de luces brillantes o de seres arquetípicos y una gran variedad de sonidos internos, así como experiencias de lo que parecen ser memorias de vidas pasadas. Comportamientos involuntarios y frecuentemente incontrolables completan el cuadro: hablar lenguas previamente ignoradas, cantar canciones desconocidas, practicar posturas y gestos de yoga, emitir sonidos de animales o moverse como ellos.
Recientemente se han observado signos inconfundibles de este proceso en miles de occidentales. El psiquiatra y oftalmólogo de California Lee Sannella, que fue el primero en atraer la atención del público occidental sobre el síndrome de la Kundalini, recopiló por sí mismo cerca de mil de estos casos. Expone sus experiencias en su contribución a este libro, titulada "La Kundalini desde el punto de vista clásico y clínico".

Episodios de Conciencia de unidad (Experiencias cumbre)


En los estados que pertenecen a este grupo, se experimenta la disolución de las fronteras personales y se tiene la sensación de convertirse en uno con las demás personas, con la naturaleza, o con el universo entero. Este proceso posee una cualidad muy sagrada y es como fundirse con la energía cósmica creativa, o Dios. Parece que se trascienden las categorías habituales de tiempo y espacio, y se puede alcanzar un sentimiento de infinitud y de eternidad. Las emociones que acompañan a estos estados varían desde la paz profunda y la serenidad hasta la alegría exuberante y el rapto extático.
El psicólogo americano Abraham Maslow. que estudió estas experiencias en cientos de personas, las denominó "experiencias cumbre". Al escribir sobre ellas, expresó su severa crítica hacia la psiquiatría occidental por su tendencia a con fundir dichos estados con la enfermedad mental. Según
Maslow, deberían considerarse fenómenos supernormales, más que anormales. Si no se interfiere en ellos ni se desanima a las personas que los experimentan, conducen típicamente a un mejor funcionamiento en el mundo y a la "autorrealización", la capacidad de expresar plenamente el propio potencial. Como existen abundantes obras disponibles sobre las experiencias de unidad, no hemos incluido un ensayo sobre este tema en la presente obra. Para un estudio ampliado recomen damos encarecidamente leer los escritos de Maslow.

Renovación psicológica mediante el retorno al centro


Otra clase importante de crisis transpersonales ha sido descrita por el psiquiatra de California y analista jungiano John Weirr Perry, que la llamó "proceso de renovación". Para un observador superficial, las experiencias de las personas implicadas en un proceso de renovación son tan extrañas y extravagantes, que parecería lógico atribuirlas a algún proceso de enfermedad grave que afectase el funcionamiento del cerebro.
La psique de las personas que atraviesan esta clase de crisis aparece como un inmenso campo de batalla en el que se libra un combate cósmico entre las fuerzas de Dios y del diablo, de la luz y de la oscuridad. Se preocupan del tema de la muerte: matanzas rituales, sacrificios, martirios y lo que hay después de la muerte. El problema de los opuestos les fascina, en especial los temas relacionados con la diferencia entre los sexos.
Estas personas se viven como el centro de acontecimientos fantásticos relevantes cósmicamente e importantes para el futuro del mundo. Sus estados visionarios tienden a hacerles regresar cada vez más lejos, a través de su propia historia y de la historia de la humanidad, hasta llegar a la creación del mundo y al estado ideal del paraíso original. En este proceso, parecen esforzarse por la perfección, intentando corregir erro res del pasado.
Después de un periodo de desorden y confusión, las experiencias se vuelven cada vez más agradables y empiezan a encaminarse hacia una resolución. El proceso culmina frecuentemente con la experiencia del "matrimonio sagrado"; éste se lleva a cabo con una pareja imaginaria arquetípica, o se proyecta en una persona conocida a la que se idealiza. Normalmente refleja que los aspectos masculino y femenino de la personalidad están alcanzando un nuevo equilibrio.
En esta fase, se pueden tener experiencias que incluyen lo que la psicología jungiana considera como símbolos que representan el Ser -el centro transpersonal que refleja nuestra verdadera naturaleza más profunda y que puede compararse con el concepto hindú del Atman-Brahma, o lo divino dentro de sí. En los estados visionarios, aparece en forma de una fuente de luz de belleza sobrenatural, piedras preciosas, perlas, joyas radiantes y otras variantes simbólicas similares.
Existe normalmente una fase en la que estas experiencias gloriosas se interpretan como una apoteosis personal, un pro ceso que eleva a la persona a un alto estatus humano o a un estado por encima de la condición humana -el de un gran líder, un salvador del mundo, o incluso el del Señor del Universo-. Frecuentemente esta interpretación va acompaña da por un profundo sentimiento de renacimiento espiritual que reemplaza la preocupación anterior por la muerte.
En la fase de integración y plenitud, habitualmente se tiene la visión de un futuro ideal, de un nuevo mundo gobernado por el amor y la justicia en el que se ha superado el mal y la enfermedad. A medida que decrece la intensidad del pro ceso, la persona empieza a darse cuenta de que todo el drama era una transformación personal, que se limitó en general al mundo interno del protagonista.
Según Perry, el proceso de renovación le hace a uno moverse en la dirección de lo que la psicología jungiana llama "individuación", la expresión más plena del potencial más pro fundo de uno mismo. El resultado positivo de estos episodios y sus ricas conexiones con símbolos arquetípicos de la historia antigua hacen que sea muy improbable que el proceso de renovación sea un producto caótico o una disfunción del cerebro.

La crisis de la apertura psíquica

Durante las emergencias espirituales de cualquier clase es muy común la agudización de las capacidades intuitivas y la aparición de fenómenos psíquicos o "paranormales". Sin embargo, en algunos casos, el influjo de la información a partir de fuentes no ordinarias, como la precognición, la telepatía o la clarividencia, se vuelve tan abrumador y confuso que llega a dominar toda la experiencia y constituye un problema grave.

Entre las manifestaciones más espectaculares de la apertura psíquica se encuentran con frecuencia las experiencias de salida del cuerpo; cuando suceden, la conciencia parece se pararse del cuerpo y desplazarse con independencia y libertad. Es posible observarse a sí mismo a distancia, ser testigo de lo que ocurre en otros lugares, o percibir con detalle acontecimientos en localidades situadas a kilómetros de distancia. Los desplazamientos "fuera-del-cuerpo" ocurren muchas veces en situaciones al borde de la muerte, y estudios sistemáticos han corroborado la exactitud de estas "visiones lejanas".
La persona que experimenta una apertura psíquica intensa a veces contacta tanto con el proceso interno de otras personas que realmente parece tener capacidades telepáticas. La verbalización indiscriminada de percepciones precisas sobre el contenido de las mentes de otras personas puede ofenderlas tan gravemente que, tal vez, éstas reaccionen hospitalizando innecesariamente a la persona que exhibe esta capacidad. La precognición acertada de situaciones futuras y la percepción clarividente de acontecimientos lejanos, sobre todo si se producen de manera repetida en series desconcertantes, pueden perturbar mucho a la persona que las experimenta, así como a los que la rodean, puesto que socavan de forma grave nuestras nociones ordinarias sobre la realidad.
En las experiencias que pueden llamarse "mediúmnicas" se tiene la sensación de perder la propia identidad tomando la de otra persona. Esto puede incluir la adopción de su imagen corporal, postura, gestos, expresiones faciales, sentimientos, e incluso sus procesos mentales. Los chamanes experimenta dos, las personas psíquicas, y los senadores espirituales, pueden utilizar dichas experiencias de una manera controlada y productiva. Sin embargo, durante las crisis de apertura psíquica, su aparición repentina e impredecible y la pérdida de la propia identidad resultante pueden ser muy atemorizadoras.
En ocasiones, la vida de alguien que atraviesa una crisis parece estar llena de extrañas coincidencias que vinculan el mundo de las realidades internas, como los sueños y los esta dos visionarias, con acontecimientos de la vida cotidiana. Jung fue el primero en reconocer y describir este fenómeno, al que dio el nombre de "sincronicidad". Es importante saber que dichas coincidencias extraordinarias y llenas de significado constituyen fenómenos reales, que no deberían ser ignorados ni desechados como espejismos, como suele hacer la psiquiatría contemporánea. Las sincronías extraordinarias acompañan a muchas formas de emergencias espirituales, pero son especialmente comunes en las crisis de apertura psíquica.

Experiencias de vidas pasadas

Entre los episodios transpersonales más espectaculares y pintorescos que suceden en los estados no ordinarios de con ciencia se encuentran las experiencias de escenas que tienen lugar en otros periodos históricos y en otros países. Normalmente están asociados con intensas emociones y sensaciones físicas y suelen describir con todo detalle a las personas. así como las circunstancias y el escenario histórico en que se desarrollan dichas escenas. Su aspecto más extraordinario es el sentimiento de autoconvicción de recordar y revivir algo que ya se ha vivido previamente.
Éste es claramente el mismo tipo de experiencia que inspiró la creencia hindú en la reencarnación y en la ley del karma. Según esta creencia, cada uno de nosotros posee una larga cadena de vidas; nuestra vida presente estaría conformada por los méritos y faltas de las precedentes y, a su vez, forjaría el destino de nuestras vidas futuras. Diversas formas de este mismo concepto son de una importancia fundamental para todas las grandes religiones de la India y los sistemas espirituales de otras partes de Asia influenciados por el budismo. Sin embargo, también han existido, con independencia de éstas, ideas parecidas en otras culturas y periodos históricos. Aunque no sabemos si este modelo de "vidas pasadas" refleja con exactitud la fuente de estas experiencias, su potencial curativo nos impulsa a tomar estos episodios en serio, al mar gen de lo que podamos creer acerca de su origen.
Cuando el contenido de una experiencia kármica emerge plenamente a la conciencia, puede proporcionar de repente una "explicación" para muchos aspectos de otro modo in comprensibles de la vida diaria. Dificultades extrañas en relación con otras personas, miedos infundados, idiosincrasias y atracciones concretas, así como oscuros síntomas emocionales y psicosomáticos, parecen cobrar sentido como "resultados kármicos" de "vidas anteriores". Todos ellos desaparecen normalmente cuando el patrón kármico en cuestión se experimenta plena y conscientemente.
Las experiencias de vidas anteriores pueden presentar varias clases de problemas. Antes de que su
contenido emerja total mente a la conciencia y se revele, puede uno verse acosado en la vida diaria por intensas emociones, sensaciones físicas y visiones, sin saber de dónde proceden ni qué significan. Como se experimentan fuera de contexto, aparecen naturalmente como incomprensibles y completamente irracionales Otro tipo de complicación aparece cuando empieza a emerger a la conciencia una experiencia kármica particularmente profunda en medio de las actividades cotidianas, e interfiere con el funcionamiento normal. Puede que uno se sienta impulsado a manifestar algunos de los elementos del patrón kármico antes de haberlo experimentado y comprendido totalmente, antes de haberlo "completado". Por ejemplo, hay personas en la vida actual de uno que parecen haber jugado un importante papel en "anteriores encarnaciones", según la experiencia de vidas pasadas; entonces, uno puede buscar enfrentamientos con amigos o familiares basados en lo que se experimenta como interacciones con ellos en una "vida anterior". Este tipo de acciones puede crear dificultades y complicaciones graves y duraderas en las relaciones con otras personas, que no tienen datos para entender este comportamiento.
E incluso después de haber completado la experiencia de vidas anteriores y de que se ha conocido su contenido e implicaciones, puede quedar todavía un desafío. Hay que reconciliar la experiencia que uno ha tenido con las creencias y los valores de la civilización occidental, que no tiene ninguna explicación para esta clase de fenómenos. Esto puede ser fácil para alguien que no está muy comprometido con la visión convencional del mundo. Las experiencias son tan convincentes que uno simplemente acepta sus mensajes y puede que hasta se sienta agradablemente estimulado por ellos. Sin embargo, las personas que son muy racionales y que han invertido mucho tiempo en la perspectiva científica tradicional pueden verse sumergidas en un largo periodo de confusión, al ser confrontadas con experiencias personales inquietantes, aunque profundamente convincentes, que parecen invalidar su sistema de creencias.
Como existe una abundante literatura sobre experiencias de vidas anteriores, hemos decidido no incluir ningún ensayo sobre este tema en este libro. El libro de Roger Woolger, Other Lives, Other Selves puede proporcionar mucha infor
mación válida sobre estas experiencias y cómo tratarlas de manera eficaz.

Comunicaciones con guías espirituales y "canalización"

En ocasiones, puede uno encontrar en una experiencia transpersonal un "ser" que parece mostrar interés en una relación personal y que asume una posición de maestro, guía, protector, o simplemente de fuente beneficiosa de información. Tales seres se perciben habitualmente como humanos desencarnados, entidades suprahumanas o deidades existentes en planos superiores de conciencia dotados de una gran sabiduría.
A veces toman la forma de una persona; en otras ocasiones aparecen como fuentes radiantes de luz o simplemente dejan sentir su presencia. Sus mensajes se reciben normalmente en forma de transmisión directa de pensamientos o mediante otros medios extrasensoriales. De vez en cuando, la comunicación adopta la forma de mensajes verbales.
Un fenómeno particularmente interesante dentro de esta categoría es la "canalización", que en estos últimos años ha recibido una atención excepcional por parte del público y de los medios de comunicación. Cuando una persona está "canalizando", transmite mensajes procedentes de una fuente supuestamente externa a su propia conciencia, a través de la transmisión verbal en trance, la escritura automática o la re petición de pensamientos recibidos telepáticamente. La "canalización" ha jugado un papel importante en la historia de la humanidad. Entre las enseñanzas espirituales canalizadas se encuentran muchas escrituras de enorme influencia cultural, como los antiguos Vedas indios, el Corán y el Libro de los mormones.
La principal razón por la que experiencias de este tipo pueden desencadenar una crisis seria es la naturaleza fiable y la calidad de la información recibida, cualquiera que pueda ser realmente la fuente. En algunas ocasiones, la "canalización" puede aportar datos exactos sobre temas con los que el receptor nunca ha estado en contacto. Entonces se experimenta este fenómeno como una prueba irrefutable de la existencia de realidades espirituales y puede llevar a una grave confusión filosófica a alguien que tenía inicialmente una visión científica del mundo convencional.
Otra fuente de problemas puede ser el hecho de que los guías espirituales son percibidos normalmente como seres con un gran nivel de conciencia, una inteligencia superior y una extraordinaria integridad moral. Esto puede conducir fácil mente a una inflación del ego del canalizador, que puede considerar el hecho de haber sido escogido como una prueba de su propia superioridad. El libro de Jon Klimo, Channeling, constituye una excelente fuente de información sobre este tema.


Experiencias al borde de la muerte


La mitología, el folklore y la literatura espiritual de todo el mundo contienen abundantes y vividos relatos de experiencias relacionadas con la muerte y el morir. Se han dedicado textos sagrados especiales a describir únicamente la última jornada,como el Libro tibetano de los muertos, El libro de los muer tos egipcio, y su contrapartida europea. Ars tnoriendi, o El arte de morir.
En el pasado, esta "mitología funeraria" fue rechazada por la ciencia occidental como un producto de la fantasía y de la imaginación de personas incultas. Esta situación cambió espectacularmente con la publicación del bestseller, Vida después de la vida, de Raymond Moody, que aportó una confirmación científica al hecho de que morir puede ser una fantástica aventura transpersonal. El informe de Moody estaba basado en testimonios de ciento cincuenta personas que se habían enfrentado de cerca a la muerte -y que en muchos casos habían sido declaradas clínicamente muertas- pero que recuperaron la conciencia y pudieron contar sus experiencias.
Moody cuenta que muchas personas que han tenido experiencias al borde de la muerte, frecuentemente son testigos de una revisión de toda su vida en forma de una vívida visión increíblemente condensada que se produce en unos segundos. La conciencia puede despegarse del cuerpo y flotar libremente por encima de la escena, observándola con curiosidad y alegre desapego, o también viajar a lugares lejanos.
Muchas personas describen haber pasado por un túnel o embudo que les conducía a una luz de una belleza y un brillo sobrenaturales, a un ser divino irradiando aceptación, amor omniabarcante y perdón infinitos. En un intercambio personal, percibido como una audiencia con Dios, recibían lecciones acerca de la existencia y de sus leyes universales, y tenían la oportunidad de volver a valorar su pasado a la luz de esta nueva perspectiva. Después elegían volver a la realidad ordinaria y vivir sus vidas de una manera nueva, en concordancia con los principios que habían aprendido.
Sólo en uno de los casos descritos por Moody, el médico que atendía al paciente conocía las características de las experiencias al borde de la muerte. Este hecho es asombroso, si se tiene en cuenta que la medicina es una profesión que se enfrenta a la muerte y a los moribundos de manera convencional. Desde la publicación de Vida después de la vida, se han publicado muchos estudios complementarios confirmando los descubrimientos de Raymond Moody en libros populares, que se han recibido con una gran atención por parte de los medios de comunicación.
Las experiencias cercanas o al borde de la muerte conducen con frecuencia a emergencias espirituales, ya que desafían fundamentalmente las creencias acerca de la realidad de las personas que las han tenido. Estos acontecimientos totalmente inesperados toman a la gente por sorpresa: un accidente de coche en medio de una hora punta o un ataque al corazón mientras se está practicando jogging pueden catapultar a alguien hacia una fantástica aventura visionaria que rompe en mil pedazos la realidad ordinaria.
Como ya hemos señalado con anterioridad, muchas personas salen de estas experiencias con una visión, unos valores y unas metas más espirituales, basadas en las revelaciones que tuvieron durante el estado de coma; este tipo de transformación de toda la vida es común a todas las emergencias espirituales completadas con éxito. Gracias a la difusión reciente de nuevas informaciones por Moody y otros autores, las personas que se enfrenten en el futuro con situaciones al borde de la muerte estarán probablemente más preparadas para esta experiencia que inspira temor y respeto.

Experiencias de encuentros cercanos con ovnis

Las experiencias de encuentros con -y de secuestros por lo que parecen ser naves espaciales o seres
extraterrestres suelen provocar serias crisis emocionales e intelectuales, que tienen mucho en común con las emergencias espirituales. Jung, que dedicó un estudio especial al problema de los "platillos volantes", sugirió que estos fenómenos podían ser visiones arquetípicas originadas en el inconsciente colectivo de la humanidad, más que visitas extraterrestres de civilizaciones distantes. Apoyó su tesis con un análisis detallado de las leyendas acerca de los discos volantes que han existido a lo largo de la historia, y de los informes sobre las apariciones actuales, que en muchas ocasiones han causado crisis y pánicos masivos.
Las descripciones típicas de avistamientos de ovnis hacen mención a luces de una cualidad extraña y sobrenatural. Estas luces se parecen a las descritas en muchos informes sobre estados visionarios. También se ha señalado que los seres encontrados tienen importantes paralelismos en el mundo de la mitología y de la religión, que anclan sus raíces en el inconsciente colectivo.
Experiencias de encuentros cercanos con ovnis


Las experiencias de encuentros con -y de secuestros por lo que parecen ser naves espaciales o seres
extraterrestres suelen provocar serias crisis emocionales e intelectuales, que tienen mucho en común con las emergencias espirituales. Jung, que dedicó un estudio especial al problema de los "platillos volantes", sugirió que estos fenómenos podían ser visiones arquetípicas originadas en el inconsciente colectivo de la humanidad, más que visitas extraterrestres de civilizaciones distantes. Apoyó su tesis con un análisis detallado de las leyendas acerca de los discos volantes que han existido a lo largo de la historia, y de los informes sobre las apariciones actuales, que en muchas ocasiones han causado crisis y pánicos masivos.
Las descripciones típicas de avistamientos de ovnis hacen mención a luces de una cualidad extraña y sobrenatural. Estas luces se parecen a las descritas en muchos informes sobre estados visionarios. También se ha señalado que los seres encontrados tienen importantes paralelismos en el mundo de la mitología y de la religión, que anclan sus raíces en el inconsciente colectivo.
Las descripciones de raptos suelen incluir acciones como exámenes físicos y experimentos científicos que se viven como torturas inimaginables. Esto las acerca a las crisis chamánicas y a las ordalías iniciáticas en los ritos de paso organizados por las culturas aborígenes. Este aspecto de los fenómenos ovni es tratado en la Segunda parte de este libro por Keith Thompson en su ensayo "La experiencia de encuentros con ovnis como crisis de transformación".
Las naves espaciales alienígenas y los fuegos cósmicos descritos por las personas supuestamente invitadas a viajar por el espacio tienen sus paralelismos en los textos espirituales, como el carro del dios védico Indra, o su versión bíblica del carro de fuego de Ezequiel. Los paisajes y las ciudades maravillosas visitadas durante estos viajes se parecen a las experiencias visionarias del paraíso, los reinos celestiales y las ciudades de luz.
Existe otra razón más por la que la experiencia con ovnis puede provocar una crisis espiritual; ya hemos expuesto un problema similar en relación con los guías espirituales y la "canalización". Los visitantes alienígenas son vistos normal mente como representantes de civilizaciones incomparable mente más avanzadas que la nuestra, no sólo desde el punto de vista tecnológico, sino también intelectual, moral y espiritual. Un contacto de esta naturaleza tiene frecuentemente matices místicos y va acompañado de comprensiones internas de dimensiones cósmicas.
A los receptores de esta atención especial les es fácil interpretarla como un indicio de su propia singularidad. Tal vez sientan haber atraído el interés de seres superiores de una avanzada civilización por ser ellos mismos excepcionales en alguna medida y especialmente adecuados para alguna misión especial. En la terminología jungiana, esta situación en la que el individuo se atribuye la representación del mundo arquetípico es denominada "inflación del ego".
Como hemos visto, existen buenas razones para que las experiencias de "encuentros cercanos con ovnis" puedan desembocar en crisis transpersonales. Para poder asimilar su experiencia, las personas que se han visto expuestas al extraño mundo de los ovnis puede que necesiten ayuda de alguien que conozca la psicología arquetípica y también las características particulares de este fenómeno.


Estados de posesión

Las personas que atraviesan este tipo de crisis transpersonal tienen la sensación clara de que su psique y su cuerpo han sido invadidos y de que están siendo controlados por una entidad o energía con características personales, que se percibe como exterior a su propia personalidad, hostil y perturbador. Puede manifestarse como una entidad confusa y desencarnada, un ser diabólico, o una persona maligna, que les invade mediante procedimientos de magia negra y brujería.
Existen muchos tipos y grados diferentes de estados de posesión. En algunos casos, la verdadera naturaleza de la perturbación permanece oculta. El problema se manifiesta en sí mismo como una psicopatología grave: conducta antisocial o incluso criminal, depresión suicida, agresiones asesinas o comportamientos autodestructivos, impulsos sexuales promiscuos y desviados, o abuso del alcohol y de las drogas. Mientras la persona no comienza un psicoterapia vivencial, no se identifica esa "posesión" como un estado que está en la base de estos problemas.
En medio de una sesión vivencial, la cara de una persona poseída puede transformarse y adoptar la forma de una "máscara del diablo" y los ojos pueden adquirir una expresión salvaje. Las manos y el cuerpo pueden retorcerse de manera extraña y la voz cambiar y tener un tono de ultratumba. Cuando se deja que la situación se desarrolle, la sesión puede comportar un asombroso parecido con los exorcismos de la Iglesia católica, o los rituales de exorcismo de algunas culturas aborígenes.
Con frecuencia, se llega al final después de espasmos espectaculares, vómitos y una actividad física frenética, e incluso la pérdida momentánea de control. Este tipo de vivencias puede ser extraordinariamente curativa y transformadora y suele desembocar con frecuencia en una profunda conversión espiritual de la persona que las protagoniza.
En otros casos, la persona poseída se da cuenta de la presencia de la entidad y puede que se esfuerce intentando luchar para controlar sus acciones. En su versión más extrema, este problema puede desencadenarse de manera espontánea en me dio de la vida cotidiana y de la forma descrita anteriormente respecto a las sesiones vivenciales. Bajo tales circunstancia uno puede sentirse enormemente atemorizado y desesperada mente solo; los familiares, los amigos, y a veces los terapeutas, tienden a retirarse porque responden con una mezcla de miedo metafísico y de rechazo moral de la persona poseída. Frecuentemente le ponen la etiqueta de persona maligna y se niegan a tener más contactos con ella.

Estos estados pertenecen claramente a la categoría de emergencias espirituales, a pesar del hecho de que estén acompañados de muchas formas objetables de comporta miento y de que conlleven energías negativas. El arquetipo del demonio es transpersonal por su propia naturaleza, en cuanto que representa la imagen negativa del espejo de lo di vino. También aparece frecuentemente como un "fenómeno de umbral", comparable a la presencia de los terroríficos guardianes de los templos orientales, ya que esconde y guarda el acceso a la profunda experiencia espiritual que suele producirse cuando se resuelve con éxito el estado de posesión. Su energía puede ser disipada con la ayuda de alguna persona que no tenga miedo de su extraña naturaleza, y que sea capaz de alentar su manifestación consciente; entonces puede producirse una extraordinaria curación.
Los trabajos de Wilson Van Dusen proporcionan más información sobre los estados de posesión considerados como invasión de espíritus malignos. Como ya hemos visto, la emergencia espiritual puede adoptar muchas formas. Nuestros intentos de comprender y de clasificar las crisis de transformación representan la punta de lanza de una tarea que se halla todavía en sus albores; por ello, nuestros esfuerzos son preliminares y experimentales. Esperamos, no obstante, que nuestro empeño ayude a las personas en crisis espiritual y que inspirará otras investigaciones en esta dirección.
Muchas de las experiencias de los fenómenos que llamamos posesión, "canalización", encuentros con ovnis, recuerdos de vidas pasadas... desafían la visión occidental del mundo de una manera tan radical que sólo podemos especular sobre sus orígenes reales. Hemos observado en innumerables casos que estos estados no desembocan necesariamente en la demencia. Cuando tratamos este tipo de crisis con respeto y prestando apoyo, éstas pueden acabar con una curación extraordinaria, una visión más positiva y espiritual y un mejor funcionamiento en la vida diaria. Por esta razón, debemos tomar en serio las emergencias espirituales, por muy extrañas que puedan parecer sus manifestaciones cuando se contemplan desde la perspectiva de nuestros sistemas tradicionales de creencias.

AUTORREALIZACIÓN Y PERTURBACIONES PSICOLÓGICAS
por Roberto Assagioli
Y así la fuerza viva de su mente
ha roto todas las barreras,
v ha ido mucho más lejos
de los duros muros del inundo,
N, con la mente y el espíritu
ha atravesado el universo infinito.
Lu 'RECIO
De rerum natura
En las versiones más populares de la historia de la psicología y de la psiquiatría, Carl Gusta vJung parece sobresalir cotizo un gigante solitario y uno de los primeros pioneros. Puede parecer que, sin ayuda alguna, desafiase el dominio del modelo médico en estas disciplinas y subrayase la importancia de la espiritualidad. Sin embargo, al mismo tiempo que Jung cuestionaba el pensamiento limitado y biológica mente orientado del análisis freudiano, otro psiquiatra que trabajaba silenciosamente en Italia estaba llegando a conclusiones que tenían mucho en común con el enfoque junguiano: Roberto Assagioli, doctor en medicina. Su trabajo no ha sido publicado de manera amplia hasta los años sesenta, un periodo de gran renacimiento del interés por la con ciencia y la espiritualidad. Es particularmente interesante el hecho de que Assagioli prestase una gran atención a la relación entre espiritualidad y desórdenes mentales.
Assagioli, psiquiatra y psicoterapeuta, desarrolló un sistema original de terapia llamado "psicosíntesis ". Formado como freudiano, fue uno de los pioneros de! psicoanálisis en Italia. Sin embargo, ya en 1911 formuló serias objeciones a las enseñanzas de Freud y discutió sus limitaciones y deficiencias. Describió el psicoanálisis como un enfoque de los problemas humanos que no era incorrecto, pero sí parcial e incompleto. Fue particularmente crítico respecto a la desatención y falsa idea de Freud acerca de la dimensión espiritual de la vida humana.
Durante los años siguientes, Assagioli formuló los principios de la psicosíntesis, que constituía su propia teoría V práctica de la terapia y de la autoexploración. Su presupuesto básico era que un individuo está en constante proceso de crecimiento personal, de realizar su potencial oculto. Al contrario que Freud, que se centraba en los instintos básicos de la naturaleza humana, Assagioli enfatizaba los elementos positivos, creativos y gozosos, así cotizo la importancia de la voluntad.
El mapa de Assagioli sobre la personalidad humana tiene alguna similitud con el sistema psicológico de Jung, en cuanto que reconoce de manera explícita y respeta la espiritualidad, e incluye el concepto del inconsciente colectivo. Existen varios elementos que se interconectan entre sí. El inconsciente inferior dirige las actividades psicológicas básicas, como los impulsos instintivos primitivos y los complejos emocionales. El inconsciente medio es el terreno en el que se asimilan las experiencias antes de alcanzar la conciencia; corresponde aproximadamente al preconsciente freudiano. El campo del supraconsciente es la sede de los sentimientos y de las capacidades superiores, como la intuición y la inspiración. El campo de la conciencia contiene sentimientos, pensamientos e impulsos aptos para ser analizados. Assagioli distinguía el yo consciente, definido como un punto de atención pura, del yo superior, que existe además de la conciencia de la mente y del cuerpo. Todas estas realidades están contenidas en el inconsciente colectivo que todos nosotros compartimos.
Un elemento esencial de la psicosíntesis de Assagioli es el concepto de subpersonalidades. Según él, la personalidad humana no es un todo unificado y completamente integrado, sino que consiste en muchas subestructuras que poseen una relativa existencia separada y que se alternan en su gobierno de la psique según las circunstancias. Las subpersonalida des más corrientes y obvias reflejan los papeles que hemos representado en el pasado o que estamos representando actualmente en nuestras vidas, como el del niño, el amigo, el amante, el padre, el maestro, el médico o el funcionario. Otras pueden ser héroes de fantasía, figuras mitológicas o, incluso, animales. Una de las tareas importantes de la psicosíntesis es identificar e integrar la subpersonalidades en un conjunto dinámico que funcione armónicamente.
El proceso terapéutico de la psicosíntesis implica cuatro estadios consecutivos. Al principio, el cliente descubre algunos elementos de su personalidad que estaban ocultos hasta entonces y los acepta a un nivel consciente. La siguiente fase consiste en liberarse de su influencia psicológica y en desarrollar la capacidad de controlarlos; esto es a lo que Assagioli llama "desidentificación ". Cuando el cliente ha descubierto gradualmente su centro psicológico unificador, es posible completar la psicosíntesis, caracterizada por una culminación del proceso de autorrealización y de integración de los diversos "yos" alrededor de un nuevo centro.
Assagioli nació en Venecia en 1888 y vivió y trabajó en Florencia. Su extraordinaria vitalidad, alegría existencial, optimismo y humor le acompañaron hasta el final de sus días. A pesar de su avanzada edad y de su progresiva pérdida de oído, continuó ejerciendo la psiquiatría y otras diversas actividades profesionales hasta el año de su muerte, ocurrida en 1974. Fue el presidente de la Fundación para la Investigación de la Psicosíntesis de Nueva York y el director del Instituto italiano de Psicosíntesis. Sus publicaciones abarcan más de trescientos ensayos y varios libros, entre los que se encuentran Psychosintesis y The Act of Will.
Su contribución a esta antología constituye realmente un texto clásico en este campo. Contiene una afirmación clara y concisa de la importancia del desarrollo espiritual y una exposición de los problemas y complicaciones que acompañan a este proceso. Existen muy pocos escritos en los textos de psiquiatría que enfaticen con tanta claridad la necesidad de distinguir entre la psicopatología ordinaria y las crisis que preceden, acompañan y siguen a la apertura espiritual.
El desarrollo espiritual es un arduo y largo viaje, una aventura a través de territorios extraños llenos de sorpresas, alegrías y belleza, dificultades y también peligros. Implica el despertar de potencialidades hasta entonces dormidas, la apertura de la conciencia a nuevos campos, una drástica transformación de los elementos "normales" de la personalidad, y un funcionamiento conforme a una nueva dimensión.

Utilizo el término "espiritual" en su connotación más amplia, y siempre referida a la experiencia humana empírica mente observable. En este sentido, "espiritual" abarca no sólo las experiencias tradicionalmente consideradas como religiosas, sino también todos los estados de conciencia, todas las funciones y actividades humanas que tienen como denominador común el poseer valores superiores a la media -valores como los éticos, estéticos, heroicos, humanitarios y altruistas.

En la psicosíntesis, consideramos que dichas experiencias de valores superiores proceden de niveles supraconscientes del ser humano. El supraconsciente puede conceptualizarse como la contrapartida superior del inconsciente inferior, tan bien cartografiado por Freud y sus sucesores. Sirviendo de centro superior unificador del supraconsciente y del individuo como un todo se encuentra el Yo transpersonal o Yo superior. Así pues, las experiencias espirituales pueden limitarse al terreno del supraconsciente o incluir la torna de conciencia de este Yo, que gradualmente desemboca en la autorrealización: la identificación del "yo" con el Yo transpersonal. En este en sayo expondré las diversas fases del desarrollo espiritual, incluida la del logro de la autorrealización.

No nos podemos sorprender de encontrarnos con que una transformación tan esencial esté marcada por varias fases críticas, que pueden ser acompañadas por diversas perturbaciones mentales, emocionales, o incluso físicas. Para la observación objetiva y clínica del terapeuta, éstas pueden parecer de la misma naturaleza que las debidas a causas más habituales. Pero de hecho tienen otra función y otro significado, y requieren ser tratadas de manera diferente.


La incidencia de las perturbaciones de origen espiritual está creciendo rápidamente hoy día, a medida que un creciente número de personas se empiezan a encaminar. consciente o inconscientemente, hacia una vida más plena. Por otra parte, el mayor desarrollo y complejidad de la personalidad del ser humano actual y su mente cada vez más crítica, han hecho que el desarrollo espiritual sea más rico, más gratificante, pero también lo ha convertido en un proceso más difícil y complicado. En el pasado, bastaba frecuentemente con una conversión moral, la devoción de corazón a un maestro o a un salvador, o la entrega a Dios, para abrir las puertas de acceso a niveles superiores de conciencia y a un sentimiento de unidad y de plenitud internas. Actualmente, sin embargo, se hallan implicados aspectos demasiado diversos y complejos de la personalidad del ser humano contemporáneo, que requieren ser armonizados entre sí y transmutados: sus acciones básicas, sus emociones y sentimientos, su imaginación creativa, su mente curiosa, su voluntad enérgica, y también sus relaciones interpersonales y sociales.

Por estas razones es útil tener una descripción general de las perturbaciones que pueden surgir en fases diferentes del desarrollo espiritual, así como algunas indicaciones sobre la mejor manera de enfrentarse a ellas. En este proceso reconocemos cuatro etapas o fases críticas:
- Las crisis que preceden al despertar espiritual.
- Las crisis causadas por el despertar espiritual.
- Las reacciones posteriores al despertar espiritual.
- Las fases del proceso de transmutación.
He utilizado la expresión simbólica "despertar" porque ésta sugiere claramente la toma de conciencia de un nuevo campo de experiencia, la apertura de los ojos hasta entonces cerrados a una realidad interna previamente desconocida.
Las crisis que preceden al despertar espiritual
Con objeto de comprender mejor las experiencias que suelen preceder al despertar, debemos revisar algunas de las características del ser humano "normal".
Podría decirse de éste que "se deja vivir" en lugar de vivir. Toma la vida como viene sin preguntarse su significado. su valor y su propósito; se dedica a la satisfacción de sus deseos personales; busca el disfrute de los sentidos, placeres emocionales, seguridad material o la consecución de la ambición personal. Si está más maduro, subordina sus satisfacciones personales al cumplimiento de las diversas obligaciones fa miliares y sociales que le son asignadas, pero sin buscar la comprensión de los fundamentos en que éstas se basan ni de las fuentes de las que proceden. Probablemente se considera a sí mismo como "religioso" y creyente, pero normalmente su religión es externa y convencional, y una vez que se ha adaptado a los mandatos de su iglesia y compartido sus ritos, cree haber hecho todo lo que se exige de él. En resumen, su fe operativa tiene como objeto una única realidad, que es la del mundo que puede ver y tocar y, por ello, está fuertemente apegado a los bienes materiales. Así pues, a todos los efectos, considera esta vida como un fin en sí mismo. Su creencia en un "cielo" futuro, si es que lo concibe, es teórica y académica -como lo prueba el hecho de que hace todo lo que puede para posponer lo más posible su partida para disfrutarlo.

Pero puede suceder que este "hombre normal" sea sorprendido, y también perturbado, por un cambio -súbito o lento- en su vida interior. Puede que ello ocurra después de una serie de desengaños; no es raro que suceda tras un shock emocional, como el producido por la pérdida de un familiar querido o de un amigo muy cercano. Pero a veces tiene lugar sin ninguna causa aparente, y en pleno gozo de buena salud y abundante prosperidad. El cambio comienza frecuente mente con un sentimiento creciente de insatisfacción, de carencia, de "que falta algo". Pero esto "que falta" no es nada concreto y material; es algo vago y huidizo, algo que es incapaz de describir.
A esto se añade paulatinamente un sentimiento de irrealidad y de vacío de la vida ordinaria. Los asuntos personales, que previamente absorbían gran parte de su interés y de su atención, parecen retirarse psicológicamente a un plano posterior; pierden su valor y su importancia. Surgen nuevos problemas. La persona comienza a preguntarse, por ejemplo, por el sentido de sus propios sufrimientos y los de los demás. Y por la justificación que puede existir para tanta desigualdad en el destino de los seres humanos.
Cuando una persona ha alcanzado este punto, le falta poco para comprender e interpretar de manera equivocada su propio estado. Muchas personas que no entienden el significado de estos nuevos estados de la mente los consideran como fantasías y divagaciones anormales. Alarmadas por la posibilidad de un desequilibrio mental, se esfuerzan por combatirlos de varios modos, haciendo desesperados intentos para volverse a implicar en la "realidad" de la vida diaria, que les parece que se les está escapando. Con frecuencia, se lanzan con renovado ardor a la agitación de las actividades externas, buscando nuevas ocupaciones, nuevos estímulos y nuevas sensaciones. Mediante éstos y otros medios tal vez puedan lograr por un tiempo aliviar su estado alterado, pero no pueden librarse de él de manera permanente. Continúa fermentando en el fondo de su ser, socavando los cimientos de su existencia ordinaria,y siendo susceptible de irrumpir de nuevo con renovada intensidad, tal vez después de mucho tiempo. El estado de incomodidad y de agitación se hace cada vez más doloroso y la sensación de vacío interior se vuelve insoportable. La persona se siente distraída; la mayor parte de las cosas que constituían su vida le parece que se desvanecen como un sueño, y no surge mientras tanto ninguna nueva luz. Es claro que todavía ignora que ésta existe o no puede creer que alguna vez le iluminará.
Con frecuencia sucede que este estado de agitación interior se vea acompañado por una crisis moral. Su conciencia ética se despierta o se vuelve más sensible; aparece un nuevo sentido de la responsabilidad y puede que la persona se vea abrumada por un fuerte sentido de culpa. Se juzga a si misma con severidad y se convierte en presa de un profundo desánimo, que puede llegar al extremo de considerar la posibilidad de suicidarse. Es como si la aniquilación física le pareciera la única conclusión lógica de su creciente sentido de impotencia y desesperanza, de desmoronamiento y desintegración.

Lo hasta aquí expuesto es desde luego una descripción generalizada de tales experiencias. En la práctica, los individuos difieren ampliamente en sus experiencias y reacciones. Existen muchas personas que nunca alcanzan este estado agudo, mientras que otras llegan a él casi de repente. Algunas se ven más acuciadas por dudas intelectuales y problemas meta físicos; en otras, el rasgo más pronunciado es la depresión emocional y la crisis moral.
Es importante reconocer que estas diversas manifestaciones de la crisis tienen grandes similitudes con algunos de los síntomas que se consideran como característicos de los esta dos neuróticos y de los estados cercanos a la psicosis. En algunos casos, la intensidad y la gravedad de la crisis producen también síntomas físicos, como tensión nerviosa, insomnio, y otros desórdenes psicosomáticos.
Por eso es esencial determinar el origen básico de las dificultades para enfrentarse correctamente con la situación. Normalmente no es difícil hacerlo. Los síntomas observados pueden ser idénticos, pero un examen cuidadoso de sus causas, la consideración de la personalidad global del individuo y, lo que es más importante de todo, el reconocimiento de su situación existencial real, revelan la naturaleza y el nivel diferentes de los conflictos subyacentes. En los casos ordinarios, estos conflictos se producen entre los comportamientos "normales", entre éstos y el "yo" consciente, o entre el individuo y el mundo exterior (en especial con las personas más cercanas, como los padres, la pareja, o los hijos). En los casos que estamos considerando, sin embargo, los conflictos se producen entre algún aspecto de la personalidad y las tendencias y aspiraciones que están paulatinamente emergiendo, de carácter moral, religioso, espiritual o humanitario. No es difícil detectar la presencia de dichas tendencias, una vez que. su realidad y validez han sido reconocidas, en lugar de haber sido explicadas como simples fantasías y sublimaciones. De manera general, la emergencia de las tendencias espirituales puede considerarse como el resultado de coyunturas decisivas en el desarrollo o crecimiento de una persona.
Existe la posibilidad de una complicación: a veces estas nuevas tendencias emergentes hacen revivir o exacerban viejos conflictos latentes entre diversos elementos de la personalidad. Dichos conflictos, que por sí mismos serían regresivos, son de hecho progresivos, porque facilitan el logro de una de nueva integración personal, más amplia y a un nivel superior -una integración a la que la misma crisis preparó el camino. Así, las crisis son preparaciones positivas, naturales y, con frecuencia, necesarias para el progreso del individuo. Hacen emerger a la superficie elementos de la personalidad que tienen que ser examinados y cambiados en interés del crecimiento posterior de la persona.

Las crisis causadas por el despertar espiritual

La apertura del canal entre los niveles consciente y supraconsciente, entre el "yo" y el Yo superior, y el torrente de luz, energía y gozo que le acompaña, producen una maravillosa liberación. Los conflictos y sufrimientos anteriores, junto con los síntomas, físicos y psicológicos que generaron, se desvanecen a veces con una espontaneidad sorprendente, confirmando así el hecho de que no se debían a ninguna causa física, sino que eran el resultado directo de la lucha interna. En estos casos, el despertar espiritual equivale a una resolución real.

Pero en otros casos, bastante frecuentes, la personalidad es incapaz de asimilar correctamente el flujo de luz y de energía. Esto sucede, por ejemplo, cuando el intelecto no está bien coordinado y desarrollado; cuando las emociones y la imaginación están descontroladas; cuando el sistema nervioso es demasiado sensible; o cuando la irrupción de energía espiritual es abrumadora por su intensidad y su carácter repentino.2
Una incapacidad de la mente para soportar la iluminación o la tendencia a centrarse excesivamente en sí mismo o al engreimiento pueden producir que la experiencia sea interpreta da de manera errónea o, por así llamarlo, una "confusión de niveles". En este caso, se desdibuja la distinción entre verdades absolutas y verdades relativas, entre el "yo" y el Yo superior; entonces, las energías espirituales que irrumpen pueden producir el desafortunado efecto de alimentar e inflar el ego personal.

El autor conoció un llamativo ejemplo de uno de estos efectos dañinos en el Hospital psiquiátrico de Ancona, en Italia. Uno de los internados, un pequeño hombre ordinario, que había sido fotógrafo, insistía tranquilamente en que él era Dios. Alrededor de esta idea central había construido toda una serie de fantasías sobre huestes celestiales que estaban a sus órdenes; al mismo tiempo, era una persona pacífica, amable y la más servicial que uno pueda imaginar. siempre dispuesto a prestar sus servicios a los médicos y a los demás pacientes. Era tan competente y de fiar, que se le habían confiado la preparación de las medicinas e incluso las llaves de la farmacia. Su única falta a este respecto era quitar azúcar de vez en cuando para dárselo a los demás internados.

Los terapeutas con puntos de vista materialistas tratarían a este paciente como un caso simple de fantasías paranoicas; pero este diagnóstico elemental proporciona poca ayuda, o tal vez ninguna, para la comprensión de la verdadera naturaleza y de las causas de tales perturbaciones. Por eso merece la pena explorar la posibilidad de una interpretación más profunda de la convicción de este hombre acerca de sus fantasías.
La experiencia interior del Yo espiritual, y su estrecho vínculo con el yo personal, proporciona una sensación de expansión interna, de universalidad, y de convicción de participar de alguna manera en la naturaleza divina. Pueden encontrarse muchos testimonios sobre este terna -y algunos expresados con términos atrevidos- en las tradiciones religiosas y en las doctrinas espirituales de todas las épocas. En la Biblia existe la afirmación explícita: "Os digo que sois dioses y que todos vosotros sois hijos del Altísimo". San Agustín declara: "Cuando el alma ama algo adquiere la cualidad de lo que ama; si son cosas terrenales, se hace terrenal, pero si es a Dios al que ama, ¿no habría de volverse Dios?". La expresión suma de la identidad del espíritu humano en su esencia pura y real con el Espíritu supremo está contenida en la enseñanza central de la filosofía Vedanta: Tat Tvan As¡ (Tú Eres Eso) y Aliara evmn paran Brahnan (En verdad Yo soy el Brahma supremo).
Cualquiera que sea la manera de concebir la relación entre el sí-mismo individual, o "yo". y el Yo universal, tanto si se considera que éstos son parecidos o desiguales, diferenciados o unidos, es esencial reconocer con claridad, y tener siempre presente en la teoría y en la práctica, la diferencia que existe entre el Yo en su naturaleza esencial -que se ha llamado la "Fuente", el "Centro", el "Ser profundo", nuestro "Apex"- y el pequeño sí-mismo o "yo", habitualmente identificado con la personalidad ordinaria de la que normalmente somos conscientes.; El descuido de esta distinción esencial conduce a consecuencias absurdas y peligrosas.
La distinción proporciona la clave de una comprensión del estado mental del paciente en cuestión, y de otras formas extremas de autoexaltación y autoglorificación. El error fatal de los que caen víctimas de estas ilusiones es atribuir al yo personal las cualidades y los poderes del Yo transpersonal o Yo superior. En términos filosóficos, existe un caso de confusión entre la verdad absoluta y la verdad relativa, entre los niveles empíricos y los niveles trascendentes de la realidad. No son raros los casos de este tipo de confusión entre las personas que quedan deslumbradas por el contacto con verdades demasiado amplias o energías demasiado poderosas para que sus capacidades mentales puedan captarlas y su personalidad sea capaz de asimilarlas. El lector podrá sin duda recordar casos de autoengaños similares, que se dan en bastantes seguidores fanáticos de diversos cultos.
En dichas situaciones es claro que constituye una pérdida de tiempo discutir con la persona en cuestión o ridiculizar su aberración; esto sólo serviría para suscitar su oposición y su resentimiento. Lo mejor es ser conciliador y, admitiendo la verdad de su creencia en última instancia, señalarle la naturaleza su error y ayudarle a aprender cómo distinguir los diferentes niveles.
También existen casos en los que la irrupción súbita de energías produce un trastorno emocional que se expresa mediante un comportamiento incontrolado, desequilibrado, y perturbado. Esta forma de respuesta se caracteriza por gritos y llantos, el canto y otras explosiones de diversas clases. Si la persona es activa e impulsiva, puede que sea impulsada fácil mente por el estímulo del despertar espiritual a jugar el papel de profeta o salvador; quizá descubra una nueva secta e inicie una campaña espectacular de proselitismo.
En algunas personas sensibles se produce un despertar de percepciones psicológicas. Tienen visiones, que ellas atribuyen a seres superiores; tal vez oigan voces o empiecen a poder efectuar la escritura automática, aceptando sus mensajes al pie de la letra y obedeciéndolos sin reservas. La cualidad de tales mensajes es extremamente variada. Algunos contienen acertadas enseñanzas; otros son muy pobres o carecen de sentido. Habría que examinarlos siempre con gran sentido de la discriminación y un juicio prudente, y sin ser influenciado por su origen extraordinario o por ninguna pretensión del su puesto transmisor. No se debe atribuir ninguna validez a los mensajes que contienen órdenes precisas o que exigen obediencia ciega, ni a los que tienden a exaltar la personalidad del receptor.
Las reacciones posteriores al despertar espiritual
Como ya se ha dicho, un despertar interior armonioso se caracteriza por un sentimiento de alegría y de iluminación mental que conlleva una introspección en el sentido y el pro pósito de la vida; despeja muchas dudas, ofrece la solución a muchos problemas, y proporciona una base interna de seguridad. Al mismo tiempo, hace brotar la comprensión de que la vida es una, y a través de la persona fluye una efusión de amor hacia sus semejantes y hacia toda la creación. La personalidad previa, con sus aristas y rasgos desagradables, parece retirarse al fondo, y un nuevo individuo amoroso y encantador nos sonríe y sonríe al mundo entero, deseoso de ser amable, de servir, y de compartir sus recién adquiridas riquezas espirituales, cuya abundancia le parece casi demasiado grande para poder contenerla.
Este estado de exaltación puede durar un periodo más o menos largo, pero acaba por remitir. Como todo en el universo, la irrupción de la luz y del amor es rítmica. Tras un tiempo, ésta disminuye o cesa, y al flujo le sigue un reflujo. La personalidad fue inspirada y transformada, pero rara vez su transformación es permanente o completa. Lo más frecuente es que una gran parte de los elementos de la personalidad vuelvan a su estado anterior.
Este proceso se clarifica cuando observamos la naturaleza de la experiencia cumbre en términos de energías y de niveles de organización.4 A causa de su naturaleza de síntesis, las energías supraconscientes actúan sobre los elementos de la personalidad de un modo que las conduce a su próximo nivel de organización. Cuando se alcanza este nivel superior, se libera la energía sinérgica que, a su vez, produce el éxtasis, la felicidad y la alegría características de tales experiencias. Según la cantidad de energía supraconsciente irradiada por el Yo, de la apertura de la personalidad en ese momento, y de muchos otros factores, este nivel superior de organización puede estabilizarse o no. En la mayoría de los casos, sólo se mantiene mientras este Yo* continúa irradiando su energía. Pero una vez que esta energía se retira -como suele ocurrir a causa de la naturaleza cíclica de la actividad del Yo-, existe una mayor o menor tendencia en la personalidad a volver a su nivel previo de organización. Para una mayor claridad, podemos considerar tres diferentes desenlaces posibles que tipifican los resultados de este proceso.

1. La energía del Yo es suficientemente fuerte para lograr esta integración superior de la personalidad, y también para transformar o romper los patrones y tendencias inherentes a la personalidad que tenderían a regresar a su estado anterior. Este resultado es relativamente raro y se da en aquellos casos en los que la vida de la persona se ennoblece y se transforma de manera súbita y permanente, como consecuencia directa e inmediata del despertar espiritual.
2. La energía transmitida por el Yo es menos intensa y/o la personalidad está menos abierta, de manera que aun que se alcanza un nivel superior de organización, sólo se transforman totalmente algunas de las tendencias y de los patrones regresivos de la personalidad, mientras que la mayor parte de éstos sólo son neutralizados temporalmente por la presencia de energías superiores. Como consecuencia, la integración superior alcanzada por la personalidad sólo se mantiene mientras la energía del Yo está siendo transmitida de manera activa.
* Yo en mayúscula como traducción de Self, comúnmente traducido por sí-mismo. No confundir con el yo u ego freudiano. (N. del T.)
Una vez que esta energía se retira, la personalidad vuelve a su estado anterior. Pero lo que permanece -y esto es frecuentemente la parte más útil de la experiencia- es un modelo ideal y un sentido de dirección que se puede utilizar para completar la transformación mediante sus propios métodos precisos. - 3. La energía transmitida por el Yo no es suficiente para producir el nivel superior de organización. Entonces esta energía es absorbida por los bloqueos y patrones ocultos que impiden la integración superior. Su efecto es el de energetizarlos y sacarlos a la luz, desde donde pueden ser reconocidos y enfrentados. En estos casos, la experiencia tiene habitualmente una cualidad dolorosa y su origen transpersonal no suele ser reconocido. Pero en realidad es igualmente válida, porque puede mostrar a la persona los próximos pasos que necesita dar para lograr las mismas metas y estados de ser que en los otros casos.

Por supuesto, es importante recordar que la experiencia de una persona no puede enmarcarse normalmente en una de estas tres categorías estrictamente definidas. La mayoría de las experiencias espirituales contienen, en grados diferentes, una combinación de cambios permanentes, cambios temporales, el reconocimiento de los obstáculos que han de ser superados, y la toma de conciencia existencial de cómo es vivir en este nivel superior de integración. Es esta toma de conciencia la que se convierte entonces en un modelo ideal, en un faro luminoso hacia el que se puede navegar y que uno puede alcanzar después por sus propios medios.5


Pero experimentar la retirada de las energías transpersonales y la pérdida del estado exultante de ser es por fuerza doloroso y, en algunos casos, es susceptible de producir fuertes reacciones y perturbaciones graves. La personalidad se vuelve a despertar y se reafirma con una fuerza renovada. Todas las rocas y la basura que habían sido cubiertas y disimuladas por la pleamar vuelven a emerger. A veces sucede que estas tendencias y conductas, que hasta entonces dormían en el inconsciente, son revitalizadas por la irrupción de energías superiores, o que se rebelan amargamente contra las nuevas aspiraciones y propósitos, que constituyen un desafío y una amenaza a su expresión incontrolada. La persona cuya conciencia moral se ha vuelto ya más precisa y sutil, cuya sed de perfección se ha hecho más intensa, juzga y condena con gran severidad su propia personalidad con más vehemencia; es susceptible de albergar la creencia errónea de haber caído más bajo de lo que estaba al principio.
A veces, la reacción de la personalidad es tan intensa que llega a producir que la persona niegue el valor, e incluso la realidad, de su reciente experiencia. Las dudas y la crítica penetran su mente, y está tentada a considerar todo el asunto como una ilusión, una fantasía, o como una intoxicación emocional. La persona se vuelve ácida y sarcástica, se ridiculiza a sí misma y a los demás, e incluso vuelve la espalda a sus aspiraciones e ideales más elevados. Pero aunque lo intentase, no puede volver a su antiguo estado; ha tenido la visión, y su belleza y poder de atracción permanecen con ella a pesar de sus esfuerzos para suprimirlos. No puede aceptar la vida cotidiana como era antes o estar satisfecha con ella. Le asalta una "nostalgia de lo divino" que no le permite estar en paz. En casos extremos, la reacción puede ser tan intensa que se vuelve patológica, produciendo un estado de depresión, e incluso de desesperación con impulsos suicidas. Este estado tiene un gran parecido con la depresión psicótica -a la que en otro tiempo se llamó "melancholia"-, caracterizada por un sentimiento agudo de inutilidad, autodesvalorización y auto culpabilidad sistemáticas, que pueden llegar a ser tan intenso que produzca la fantasía de que se está en el infierno, irremediablemente condenado. También se produce una sensación aguda y dolorosa de incompetencia intelectual, una parálisis del poder de la voluntad acompañada por una incapacidad de actuar. Pero en el caso de los que han experimentado un despertar interior o un grado de realización espiritual, los tras tornos no pueden considerarse manifestaciones de un simple estado patológico; tienen causas diferentes y mucho más profundas, como ya indicaron Platón y San Juan de la Cruz con analogías similares.
En su famosa alegoría contenida en el Libro Séptimo de su República, Platón compara a los hombres no iluminados con prisioneros en una cueva oscura o guarida, diciendo:
Al principio, cuando cualquiera de ellos es liberado y se ve obligado de repente a levantarse, volverse, y caminar hacia la luz, sufre grandes dolores; el resplandor le abrumará y será incapaz de ver las realidades de las que antes, en su condición anterior, habla visto las sombras.
San Juan de la Cruz utiliza palabras curiosamente similares al hablar de la experiencia que él llamó "la noche oscura del alma":
El alma está en tinieblas cegada por una luz mayor que la excede... Como cuando los ojos están de mal humor, impuros y enfermos, de la clara luz reciben pena. Y esta pena en el alma, a causa de su impureza, es inmensa cuando de veras resplandece en ella esta luz divina, porque resplandeciendo en el alma esta luz pura, a fin de expeler la impureza del alma, siéntese el alma tan impura y miserable, que le parece estar Dios contra ella y que ella está hecha contraria a Dios.
Las palabras de San Juan de la Cruz acerca de la "luz" que "resplandece en el alma a fin de expeler su impureza" describen la naturaleza esencial del proceso. Aunque desde el punto de vista de la personalidad pueda parecer un retroceso, o una fase indeseable -"que le parece estar Dios contra ella y que ella está hecha contraria a Dios"-, desde la perspectiva mucho más amplia del Yo transpersonal, esta fase, llamada con frecuencia "purgación", es de hecho una de las etapas más útiles y gratificantes del crecimiento. La luz del Yo brilla sobre las "impurezas" y las hace emerger a la conciencia del individuo para facilitar un proceso de trabajo con ellas. Aunque este proceso puede ser a veces laborioso, constituye una aspecto básico del canal fiable y permanente de contacto entre el individuo y su naturaleza transpersonal o supra consciente.
La manera apropiada de tratar con alguien que atraviesa este tipo de crisis consiste en proporcionar a la persona una comprensión auténtica de la naturaleza de su crisis. Es como si hubiera realizado un soberbio vuelo a la cumbre de la montaña, se hubiera dado cuenta de su esplendor y de la belleza del panorama que se extiende a sus pies, pero hubiera sido bajado a su pesar, con la triste convicción de que el sendero hasta la cumbre tiene que ser recorrido paso tras paso. El reconocimiento de que este descenso -o "caída"- es un acontecimiento natural proporciona un alivio emocional y mental, y anima a la persona a emprender la ardua tarea de enfrentarse al sendero de la verdadera autorrealización. Al final, la crisis se supera con la toma de conciencia de que el valor auténtico y más profundo de la experiencia es que ésta ofrece, como ya he dicho, una "visión tangible" de un estado de ser superior y, por lo tanto, un mapa, un modelo ideal hacia donde se puede caminar, y que puede convertirse entonces en una realidad permanente.
El proceso de transmutación

Esta fase viene después de que se reconoce que las condiciones necesarias que han de cumplirse para el logro superior de la autorrealización son la total regeneración y transmutación de la personalidad. Es un proceso largo y a muchos ni veles que abarca diferentes fases: la eliminación activa de los obstáculos a la irrupción y actividad de las energías supraconscientes; el desarrollo de funciones superiores que han permanecido dormidas o no desarrolladas; y periodos en los que se puede dejar que el Yo superior actúe, estando receptivos a que él nos guíe.

Es un periodo muy azaroso y gratificante, repleto de cambios en los que se suceden la luz y la oscuridad, la alegría y el sufrimiento. Es un periodo de transición, una salida de la vieja condición sin haber alcanzado todavía firmemente la nueva; una fase intermedia en la que, como acertadamente se ha dicho, la persona se encuentra como una crisálida atravesando el proceso de transformación hacia la mariposa alada. Pero, en general, el individuo no cuenta con la protección de un capullo en el que llegar al final del proceso de transformación encerrado y en paz. Debe permanecer en el lugar que ocupa en la vida -y esto sucede así, especialmente en los tiempos que vivimos- y tiene que continuar cumpliendo con sus obligaciones familiares. profesionales y sociales lo mejor que pueda. Su problema sería parecido al de un ingeniero que tuviera que reconstruir una estación de tren sin interrumpir el tráfico.
A pesar de los retos de la tarea, a medida que va haciendo el trabajo, es consciente del progreso paulatino y creciente. Su vida está inspirada por la sensación de que tiene un sentido y un propósito, y las actividades ordinarias son revitalizadas y ennoblecidas por la toma progresiva de conciencia de su puesto en un plan más amplio. A medida que pasa el tiempo, adquiere un reconocimiento más claro y completo de la naturaleza de la realidad, del ser humano, y de su propia naturaleza superior. Comienza a desarrollar un marco conceptual más coherente que le permite entender mejor lo que observa y vive, y que le sirve, no sólo como medio para guiarse hacia un conocimiento ulterior, sino también como fuente de serenidad y orden en medio de las circunstancias cambiantes de la vida. Como consecuencia, experimenta una maestría cada vez mayor en tareas que le parecían previamente superiores a sus fuerzas. Actuando cada vez más desde un centro superior unificado de la personalidad, armoniza los elementos diversos de su personalidad en una unidad progresiva, y esta integración más completa le aporta mayor eficacia y más alegría.

Durante un largo periodo de tiempo, éstos son los resultados que generalmente se observan a partir de un proceso de transmutación de la personalidad bajo el impulso de las energías supraconscientes. Pero el proceso no se desarrolla siempre con tranquilidad absoluta. Y esto no es sorprendente, dadas las tareas complejas que implican rehacer la personalidad en medio de las circunstancias de la vida ordinaria. Como regla general, casi siempre se atraviesan algunas dificultades, y pueden observarse fases temporales en las que se manifiesta justamente lo contrario de lo que acabo de describir. Esto ocurre con frecuencia inmediatamente después de que ha pasado la marea de exaltación, y la persona emprende la doble tarea simultánea de autotransformarse y de enfrentarse a las numerosas demandas de la vida cotidiana. Aprender a utilizar las propias energías de este modo toma un tiempo, y puede que pase un largo periodo antes de que se puedan realizar estas dos tareas de una manera equilibrada, y de que sean reconocidas al final como una sola. En consecuencia, no es sorprendente encontrarse con etapas en las que la persona está tan dedicada a su proceso de autotransformación que su capacidad para enfrentarse con éxito a los problemas y actividades de la vida normal parece haber disminuido. Si se observa desde fuera y se juzga desde unos parámetros ordinarios de eficacia, puede parecer que es menos capaz que antes. Durante esta fase transitoria, puede que le lluevan juicios injustos por parte de amigos y terapeutas bienintencionados pero no ilumina dos, y tal vez se convierta en el blanco de observaciones punzantes y sarcásticas acerca de sus "nobles" ideales espirituales y aspiraciones, volviéndole débil e ineficaz en la vida práctica. Este tipo de críticas suele ser muy doloroso, y su influencia puede suscitar dudas y desánimo.


Estos juicios constituyen una de las pruebas que tal vez haya que enfrentar en el sendero de la autorrealización. Su valor reside en el hecho de que proporcionan una lección para superar la sensibilidad personal, y son una ocasión para desarrollar sin resentimiento la independencia interior y la auto confianza. Deben ser aceptados con alegría, o al menos con serenidad, y utilizados como una oportunidad para desarrollar la fortaleza interior. Por otra parte, si las personas que rodean al sujeto implicado están iluminadas y son comprensivas, pueden ayudarle enormemente y ahorrarle muchas fricciones y sufrimientos innecesarios.
Con el tiempo, esta fase desaparece y la persona aprende a dominar su doble tarea y a unificarla. Pero cuando no se reconocen y se aceptan las complejidades de la tarea, las tensiones naturales del crecimiento que conlleva el proceso pueden verse exacerbadas, durar largos periodos de tiempo, o volver una y otra vez con una frecuencia innecesaria. Esto ocurre sobre todo cuando la persona se dedica demasiado a su proceso de autotransformación, excluyendo el mundo exterior con una introversión excesiva y unilateral. Los periodos de sana introversión son naturales en el crecimiento humano. Pero si se llevan al extremo o se prolongan en una actitud general de retirada de la vida del mundo, la persona puede atravesar muchas dificultades, no sólo con amigos, compañeros de trabajo y familiares, impacientes y críticos, sino también por dentro, ya que la introversión natural se convierte entonces en autoobsesión.
Pueden surgir dificultades parecidas si la persona no se enfrenta con los aspectos negativos de sí misma revelados en el proceso del despertar espiritual. En lugar de transmutarlos, puede huir de ellos mediante fantasías internas de haber alcanzado la perfección o mediante soluciones imaginarias. Pero el reconocimiento suprimido de sus imperfecciones reales sigue persiguiéndole, y los que le rodean contradicen sus fantasías. Bajo el estrés de esta dualidad es probable que la persona sucumba a una serie de desarreglos psicológicos, como insomnio, depresión emocional, agotamiento, aridez, agitación mental y ansiedad. A su vez, éstos pueden provocar toda clase de síntomas y de perturbaciones físicas.
Aparecen durante las diferentes fases de autorrealización puedan ser externamente muy similares a los de la vida ordinaria, y, a veces, parecer idénticos, sus causas y significado son muy diferentes; en consecuencia, la manera de enfrentarse con ellos debe ser también diferente. En otras palabras, la situación existencial en ambos casos no sólo no es la misma, sino que en algún sentido es la contraria.

Las dificultades psicológicas de la persona ordinaria tienen generalmente un carácter regresivo. Las sufren las personas que no han sido capaces de realizar alguno de los imprescindibles ajustes internos y externos que forman parte del desarrollo normal de la personalidad. En respuesta a situaciones difíciles, regresan hacia modos de comportamiento adquiridos en la infancia, o bien nunca han crecido realmente más allá de ciertos patrones infantiles, aunque no sean reconocidos como tales.

Por otra parte, como ya he dicho anteriormente, las dificultades producidas por el estrés y el esfuerzo en las diferentes fases hacia la autorrealización poseen un carácter específicamente progresivo.? Estas dificultades son debidas a la estimulación producida por las energías supraconscientes, por el "impulso hacia arriba", por la llamada del Yo superior, y están concretamente delimitadas por el conflicto que se produce entre estas energías y los aspectos "intermedios" e "inferiores" de la personalidad. Jung ha descrito este tipo de crisis con términos contundentes:

Ser "normal" es un ideal espléndido para los fracasados, para todos aquellos que todavía no han encontrado una manera de adaptarse. Pero para las personas que tienen muchas más capacidades que la mayoría, y para las cuales nunca ha sido difícil obtener éxito y realizar la parte correspondiente de su labor en el mundo, la restricción de ser normal significa la cama de Procusto, un aburrimiento insoportable, una esterilidad y desesperanza perjudiciales. En consecuencia, existen tantas personas que se vuelven neuróticas porque son sólo normales, como personas que están neuróticas porque no pueden volverse normales.
Es obvio que la manera de ayudar a estas dos clases de personas debe ser diferente.
Lo que es adecuado para el primer grupo probablemente será, no sólo insatisfactorio, sino también perjudicial para el segundo. La suerte de las personas de este último grupo es mucho más ardua si son guiadas por alguien que no entiende o no valora las funciones supraconscientes, o que ignora o niega la realidad del Ser y la posibilidad de autorrealización. Puede incluso que ridiculice sus vacilantes aspiraciones más elevadas como simples quimeras, las interprete desde un punto de vista materialista, o persuada a la persona implicada a reforzar el caparazón de la personalidad contra la llamada insistente del Yo transpersonal. Esta dirección puede agravar el estado de la persona, reforzar su lucha, y retardar la solución del problema.
Por otro lado, una guía con orientación espiritual, o que posea al menos una comprensión y una actitud de simpatía respecto a los logros y realidades superiores, puede ser de gran utilidad cuando una persona se halla en la primera etapa -lo que suele ser el caso más frecuente- de insatisfacción, inquietud y de tanteo inconsciente. Si ésta ha perdido su interés por la vida, si la existencia cotidiana no le atrae, si está bus cando alivio en dirección equivocada, recorriendo callejones sin salida, y si no ha tenido todavía una vislumbre de la realidad superior, la revelación de la causa real de su trastorno y la indicación de la solución inesperada -de la salida acertada de la crisis- pueden ayudar enormemente a producir el despertar interior que, en sí mismo, constituye la parte esencial de la resolución.
La segunda fase, la de excitación o entusiasmo emocional que el individuo implicado puede manifestar con un apasionamiento excesivo, acariciando la ilusión de haber llegado a una realización permanente, exige una advertencia "diplomática" de que su estado de beatitud es forzosamente temporal; hay que indicarle las vicisitudes que tiene todavía que atravesar en su camino. Esto le preparará para la aparición de la reacción inevitable de la tercera etapa, que implica frecuente mente, como ya hemos dicho, una reacción dolorosa y, a ve ces, una profunda depresión, cuando la persona "sufre el bajón" de su experiencia superior. Si ha sido prevenida con anterioridad, se evitará mucho sufrimiento, dudas y desánimo. Cuando no ha tenido la ventaja de haber sido advertida, el guía puede proporcionar mucha ayuda asegurándole que su estado es temporal y en absoluto permanente o desesperado, como puede estar inclinada a creer. El guía debe perseverar en informarle de que el resultado gratificante de la crisis compensa la angustia que está sufriendo, por intensa que ésta sea. Se le puede proporcionar un gran alivio y aliento citando ejemplos de muchas personas que han pasado por una situación difícil similar y han salido de ella.

En la cuarta etapa, durante el proceso de transmutación -que es el más largo y complicado-, el papel del guía es más complicado. Algunos aspectos importantes de su labor son:

- Aclarar a la persona lo que realmente está ocurriendo dentro de ella, y ayudarle a encontrar la actitud justa que debe adoptar.

- Enseñarle a controlar y dominar sabiamente los comportamientos que surgen del inconsciente, mediante la utilización experta de la voluntad, sin reprimirlos temiéndolos o condenándolos.

- Enseñarle las técnicas de transmutación y sublimación de las energías sexuales y de las energías agresivas.
- Ayudarle a reconocer y a asimilar correctamente las energías infundidas desde el Ser y los niveles supraconscientes. - Ayudarle a expresar y a utilizar dichas energías con amor y en servicios altruistas. Esto es particularmente va lioso para contrarrestar la tendencia a la introversión y a un excesivo centramiento sobre sí mismo que se producen frecuentemente en ésta y otras fases del autodesarrollo. - Guiarle a través de las distintas fases de reconstrucción de la personalidad alrededor de un centro interno superior, es decir, de la realización de su psicosíntesis espiritual.

A lo largo de este artículo he subrayado el aspecto más doloroso y difícil del desarrollo espiritual, pero no debería deducirse de ello que los que están en el camino de la autorrealización sean más propensos a verse afectados por trastornos psicológicos que los demás hombres y mujeres. Con frecuencia no se da la etapa del sufrimiento más intenso. El desarrollo de muchas personas se lleva a cabo de un modo armonioso, de manera que se superan las dificultades internas y se atraviesan las diferentes etapas sin que se produzcan reacciones graves de ninguna clase.

Por otra parte, los desórdenes emocionales o los síntomas neuróticos del hombre y de la mujer ordinarios suelen ser más graves, profundos y difíciles de sobrellevar para ellos, y de tratar para los terapeutas, que los relacionados con la autorrealización. Frecuentemente es difícil enfrentarse a ellos satisfactoriamente -cuando no han sido todavía activados los ni veles y funciones psicológicas superiores de estas personas-, porque no hay muchos puntos de referencia a los que se pueda recurrir que estimulen el hacer los sacrificios necesarios o aceptar la disciplina requerida para producir los ajustes imprescindibles.
Los problemas físicos, emocionales y mentales que sur gen en el camino de la autorrealización, por graves que puedan parecer, son simples reacciones temporales, subproductos -por llamarlos de alguna manera- de un proceso orgánico de regeneración y de crecimiento internos. Por lo tanto, o bien desaparecen de manera espontánea, cuando termina la crisis que los ha producido, o bien remiten con facilidad con trata miento adecuado. Además, los sufrimientos causados por periodos de depresión y por la disminución de la vida interior se ven abundantemente compensados por periodos de irrupción renovada de energías supraconscientes, y por la previsión de la liberación y del robustecimiento de toda la personalidad que produce la autorrealización. Esta visión constituye una poderosa inspiración, una inefable calma y una fuente inagotable de fuerza y valor. Por eso, como ya hemos dicho, es muy útil dar una importancia especial a recordar esa visión lo más vívida y frecuentemente que sea posible. Uno de los mayores servicios que podemos hacer a los que luchan en el ca mino es ayudarles a conservar siempre presente ante sus ojos la visión de la meta.
De este modo se puede tener una visión de antemano y un anticipo del estado de conciencia del Yo autorrealizado. Es un estado de conciencia caracterizado por la alegría, la serenidad, la seguridad interna, un sentimiento de poder tranquilo, una comprensión clara y un amor radiante. En sus aspectos superiores es la realización del Ser esencial, de la comunión y de la identificación con la Vida Universal.


LA EXPERIENCIA TRASCENDENTE EN RELACIÓN CON LA RELIGIÓN Y LA PSICOSIS
por R. D. Laing

La iluminación fue haciéndose cada vez más luminosa, y el fragor fue creciendo en intensidad; tenía la sensación de ser mecido y entonces me sentí como si me deslizara fuera de ni¡ cuerpo, completamente rodeado por un halo de luz... Sentía el punto de conciencia que yo era haciéndose más grande, rodeado por olas de luz... hasta llegar a ser todo conciencia, sin ningún contorno ni apéndice corporal, sin ningún sentimiento ni sensación procedentes de los sentidos, inmerso en un océano de luz... Ya no era yo mismo o, para ser más preciso, ya no era como me conocía hasta entonces: un punto de conciencia encerrado en un cuerpo, sino un vasto círculo de conciencia en el que el cuerpo no era mas que un punto, inundado de luz y en un estado de exaltación y felicidad imposibles de describir
Gori KRISHNA, Kundalini, el yoga de la energía 87
Aunque la idea de que las psicosis son enfermedades mentales que pueden ser entendidas en términos médicos, y que deben ser tratadas con medios biológicos, está muy extendida y es muy influyente, no es unánimamente aceptada. Muchos teóricos y muchos médicos clínicos han ofrecido explicaciones importantes del proceso psicótico que son de naturaleza puramente psicológica, y han desarrollado estrategias de tratamiento fuera de la medicina.
Otros han sugerido que el papel dominante jugado por el modelo médico en el enfoque de las psicosis no puede justificarse científicamente, ya que no se han encontrado causas específicamente biológicas para la mayoría de los estados que tratan los psiquiatras. Así pues, la situación actual no refleja el estado de la cuestión, sino una variedad de factores de naturaleza histórica, política, legal y económica. Thomas Szasz, uno de los más destacados representantes de este punto de vista, ha llegado incluso a hablar y escribir acerca del "mito de la enfermedad mental ".
En su único ensayo sobre la psicosis, el psiquiatra escocés RD. Laing combina una penetrante crítica de la sociedad occidental con una comprensión psicológica y un tratamiento innovadores de aquel estado. Él es probablemente una de las figuras más radicales y controvertidas en el campo de la psiquiatría, y es autor de una serie de libros que desafían las raíces mismas del pensamiento psiquiátrico moderno. Laing es considerado normalmente como representante de la "antipsiquatría ", movimiento iniciado por el médico y psicoterapeuta sudafricano David Cooper, aunque éste rechaza esta etiqueta.
Según Laing, las psicosis no pueden ser entendidas como procesos biológicos anormales dentro del cuerpo humano, sino como productos de patrones perturbados de la comunicación humana. Reflejan problemas de relación básica de los individuos, los pequeños grupos y la sociedad como un todo.
Las ideas de Laing representan una desviación radical y revolucionaria de la corriente principal del pensamiento psiquiátrico. Los "cuerdos " no son realmente cuerdos, y los psicóticos no están tan locos como parecen. La sociedad moderna está fundada en la negación del ser y de la experiencia; está peligrosamente enajenada, y los psicóticos no pueden adaptarse a ella, por encontrar insoportables sus normas y valores.

Las personas psicóticas son individuos cuya experiencia total de vida está dividida, porque tienen una conexión insatisfactoria con el mundo y con la sociedad humana, así como una relación fragmentada con su ser. Su retirada al inundo de las fantasías proporcionadas por el inconsciente es una huida de una realidad que ellos encuentran inaceptable. La consecuencia es una existencia incompleta, caracterizada por el miedo, la desesperación, la soledad y una sensación de aislamiento.
Estas personas se sienten irreales y desconectadas del sentido común del mundo, así como de sus propios cuerpos, hasta tal punto que su identidad y su autonomía están siempre en cuestión. Su miedo de perderse es tan agotador y abrumador que desemboca en una preocupación por la propia supervivencia, en lugar de mantener un interés por la autosatisfacción. Laing llama a este fenómeno "la inseguridad ontológica ".
Según Laing, los psiquiatras no prestan la debida atención a las experiencias interiores de los psicóticos, porque las consideran incomprensibles y patológicas. Sin embargo, una observación atenta y un estudio cuidadoso muestran que estas experiencias tienen un profundo significado y que el proceso psicótico puede ser curado. Laing cree que, en muchos aspectos, los psicóticos tienen más que enseñar a los psiquiatras que éstos a sus pacientes. La "ceremonia psiquátrica " del examen, el diagnóstico y el tratamiento invalida a los clientes como seres humanos e interfiere en el potencial curativo de su propio proceso.


La estrategia psicoterapéutica de Ronald D. Laing, que sustituye al tratamiento biológico, subraya la importancia de la interacción y de la relación humanas, tanto de persona a persona como a una escala ampliada a todo un equipo terapéutico. Se consideran válidas, importantes y llenas de significado las experiencias que surgen del inconsciente. Aceptarlas y respetarlas facilita la comunicación y conduce hacia la curación. Según Laing, deberían acondicionarse sitios especiales en los que la gente recibiera el apoyo y la comprensión que facilitan el proceso de curación.

R. D. Laing nació en 1927 en Glasgow, Escocia, y estudió en la Universidad de esta ciudad, donde obtuvo su licenciatura de medicina. Su introducción al mundo de los pacientes mentales tuvo lugar durante los dos años en que prestó sus servicios como psiquiatra en el ejército británico. De 1956 a 1962, dirigió la investigación clínica en el Instituto de Relaciones Humanas Tavistock de Londres.

Entre 1962 y 1965, fue director de la Clínica Langham de Londres; fue entonces cuando fundó la Kingsley Hall Clinic, donde dirigió un experimento único en su género de trata miento de pacientes psicóticos sin medicamentos inhibitorios. Posteriormente continuó estas actividades basadas en su filosofía terapéutica en la Asociación Philadelphia, organización dedicada a los problemas de psicosis y centrada en la te rapia, así como en la educación de los profesionales y del público mediante conferencias y publicaciones. Hay que des tacar que en 1973 Laing pasó un año en Ceilán estudiando Budismo Teravada y practicando meditación Vipassana. En la última década, ha dividido su tiempo profesional entre la escritura, la práctica privada, y el trabajo como consultor y conferenciante.
Laing es autor de muchos artículos en revistas profesionales y de los libros The Self and Others, Reason and Violence, Knots, The Voice of Experience, El yo dividido: un estudios sobre la salud y la enfermedad (F.C.E., 1980), La política de la experiencia. El ave del paraíso (Crítica, 1978), Las cosas de la vida: un ensayo sobre los sentimientos (Crítica, 1981), El cuestionamiento de la familia (Paidós, 1986) y la obra autobiográfica Razón, demencia y locura: la formación de un psiquiatra (Crítica, 1986).
En el artículo que publicamos a continuación, Laing va más lejos del simple reconocimiento de la importancia psicológica del contenido inconsciente de las experiencias psicóticas. Reconoce y acentúa explícitamente el valor del aspecto trascendente de dichas experiencias y la importancia fundamental de la dimensión espiritual de la vida humana. Su exposición sobre la importancia histórica de las experiencias visionarias, y sobre la necesidad urgente de trazar clara mente la diferencia entre la patología y el misticismo, es de una gran relevancia para la cuestión de la emergencia espiritual.

En estas circunstancias, todos tenemos motivo para estar inseguros. Cuando está en cuestión la base misma de nuestro mundo, corremos a escondernos en cualquier agujero: nos refugiamos en los roles, los estatus, las identidades y las relaciones interpersonales. Intentamos vivir en castillos que no pueden ser sino castillos en el aire, porque no existe un terreno firme en el cosmos social sobre el que construirlos. Tanto el sacerdote como el médico son testigos de este estado de cosas. A veces, cada uno ve el mismo fragmento de la situación desde un prisma diferente; frecuentemente nos preocupamos por representaciones diferentes de la misma catástrofe que está en el origen de todas ellas.

En este artículo me gustaría relacionar las experiencias trascendentes que, a veces, desembocan en psicosis, con aquellas experiencias de lo divino que constituyen la Fuente Viva de todas las religiones.
He explicado en otras ocasiones la manera en la que algunos psiquiatras comienzan a disolver sus categorías médico clínicas de entender la locura. Creo que si nosotros, los sacerdotes y los médicos, podemos empezar a comprender la cordura y la demencia en términos sociales existenciales, es taremos más capacitados para ver con mayor claridad con qué amplitud nos enfrentamos a los problemas ordinarios.
Los principales términos clínicos para los tipos de locura a los que todavía no se han encontrado lesiones orgánicas, son la esquizofrenia, las psicosis maniaco-depresivas y la depresión involutiva. Desde el punto de vista social, definen de manera característica diferentes formas de comportamiento que nuestra sociedad considera desviadas. Las personas que se comportan así lo hacen porque se viven a ellos mismos de manera diferente. Quisiera concentrarme en el significado existencial de esta vivencia no ordinaria.
Una vivencia cae dentro de la clasificación de locura cuan do traspasa los horizontes de nuestro sentido común, es decir, de nuestro sentido comunitario.
¿A qué regiones de la experiencia conduce esto? Supone una pérdida de los fundamentos ordinarios del "sentido" del mundo que compartimos unos con otros. Los, viejos propósitos ya no parecen viables. Los viejos significados pierden su sentido; las distinciones entre imaginación, sueños y percepciones externas no parecen funcionar como antes. Tal vez los acontecimientos externos parezcan conjurarse de manera mágica. Los sueños pueden parecer comunicaciones de otras personas: la imaginación puede sustituir a la realidad objetiva.

Pero lo más radical de todo es que los mismos cimientos ontológicos se ven sacudidos. Se desplaza la esencia de los fenómenos y la realidad del ser puede que no se presente ya como antes. La persona se sumerge en un vacío de no-ser en el cual se hunde. No hay apoyos, nada a lo que agarrarse, excepto, tal vez, algunos restos del naufragio, unos pocos recuerdos, nombres, sonidos uno o dos objetos, que mantienen un vínculo con un mundo perdido hace tiempo. Esta nada puede no estar vacía. Tal vez esté poblada de visiones y voces, fantasmas, formas extrañas y apariciones. Nadie que no haya experimentado hasta qué punto puede ser insustancial el espectáculo de la realidad externa, hasta qué punto puede ser descolorido, puede percibir las presencias sublimes y grotescas que pueden reemplazarla o existir a su lado.

Cuando una persona se vuelve loca, tiene lugar una pro funda transposición de su posición en relación con todos los aspectos de la existencia. Su centro de experiencia se desplaza del ego al Ser. El tiempo ordinario se vuelve simplemente anecdótico, sólo importa lo Eterno. El loco, no obstante, está confuso. Confunde el ego con el centro del ser, lo interno con lo externo, lo natural con lo sobrenatural. Sin embargo, con frecuencia puede ser para nosotros el hierofante de lo sagrado, incluso a través de su desgracia y desintegración. Exiliado de la escena de la existencia tal como la conocemos nosotros, es un extraño, un alienígena, que nos señala desde el vacío en el que está naufragando. Este vacío puede estar poblado de presencias con las que ni siquiera podemos soñar. Se solía llamarlas demonios y espíritus, a los que se conocía y que tenían nombre. El loco ha perdido su sentido de sí mismo, sus sentimientos, su lugar en el mundo que conocemos. Nos dice que está muerto. Pero nosotros somos distraídos de nuestra cómoda seguridad por este fantasma loco que nos obsesiona con sus visiones y voces, que parecen tan sin sentido y que nos impulsan a liberarle, limpiarle y curarle.
La locura no tiene por qué ser sólo un desmoronamiento. También es un salto adelante. Constituye potencialmente una liberación y una renovación, y también una esclavitud y una muerte existencial.

Existe actualmente un número cada vez mayor de testimonios de personas que han atravesado la experiencia de la locura. (Véase, por ejemplo, la antología The Inner World of Mental Illness, editado por Bert Kaplan en Harper and Row, Nueva York, 1964). Quisiera citar extensamente uno de los primeros informes contemporáneos, tal como lo recoge Karl Jaspers en su General Psychopathology (Manchester University Press, 1962):
Creo que yo mismo me causé la enfermedad. En mi intento de penetrar en el otro mundo, encontré a sus guardianes naturales, la encarnación de mi propia debilidad y de mis faltas. Al principio pensé que estos demonios eran habitantes inferiores del otro mundo, que podían jugar conmigo como con una pelota, porque fui a estas regiones sin preparación y me perdí. Después pensé que eran partes desgajadas de mi propia mente (pasiones), que existían cerca de mi en su propio espacio y medraban a costa de mis sentimientos. Creía que todo el mundo también las tenía, pero que no las percibían, gracias al engaño protector y eficaz de la sensación de existencia personal. Pensaba que éste era un artificio de la memoria, de los complejos imaginados..., un muñeco agradable de mirar desde fuera, pero con nada real en su interior.
En mi caso, mi ser personal se ha desarrollado con poros a causa de mi conciencia confusa. Con ella quena acercarme a las fuentes superiores de la vida. Me debería haber preparado para esto durante un largo periodo de tiempo, invocando dentro de mí un yo superior e impersonal, ya que el "néctar" no está hecho para los labios mortales. Éste actuó de manera destructiva sobre el yo humano-animal y lo dividió en pedazos. Desintegrados éstos poco a poco, el muñeco quedó realmente roto y el cuerpo dañado. Yo había forzado inoportunamente la "fuente de la vida", y la maldición de los dioses recayó sobre mi. Reconocí demasiado tarde que habían intervenido elementos tenebrosos. Tuve conocimiento de ellos cuando ya tenían demasiado poder. No había vuelta atrás posible. En ese momento había conseguido el mundo de los espíritus que quería conocer. Los demonios surgieron del abismo, como el guardián Cerbero, negando el acceso a los no autorizados. Entonces decidí emprender una lucha a vida o muerte. En última instancia, esto significaba para mí la decisión de morir, puesto que había dejado de lado todo lo que sostenía al enemigo, pero que era también todo lo que sostenía la vida. Yo quería entrar en la muerte sin volverme loco y le planteé a la Esfinge: ¡o entras tú o entro yo en el abismo¡
Entonces vino la iluminación. Mediante el ayuno penetré en la verdadera naturaleza de los que me seducían. Eran alcahuetes e impostores de mi querido yo personal que carecían totalmente de realidad. Emergió un yo más amplio e inclusivo y pude abandonar ni¡ anterior personalidad con todo lo que la rodeaba. Vi que esa personalidad anterior nunca hubiera podido entrar en los reinos de la trascendencia. Como consecuencia, sentí un terrible dolor, como un golpe aniquilador, pero fui rescatado, y los demonios se fueron consumiendo, se desvanecieron y perecieron. Comenzó para mi una nueva vida y desde entonces me sentí diferente de las demás personas. Un yo que estaba hecho de mentiras convencionales, imposturas, autoengaños, imágenes de recuerdos, un yo exactamente como el de las demás personas creció de nuevo en mí, pero detrás y por encima de él se mantenía un yo más grande y englobante, que me imprimió con algo que es eterno, inmutable, inmortal e inviolable, y que desde entonces ha sido mi protector y mi refugio. Creo que es bueno que muchas personas se familiaricen con este yo superior y que existan personas que han alcanzado de hecho esta meta por caminos menos dolorosos.
Jaspers comenta: "Estas autointerpretaciones han sido obviamente hechas bajo la influencia de tendencias a la ensoñación y de poderosas fuerzas psíquicas. Provienen de vivencias profundas y la riqueza de estas experiencias psicóticas invita, tanto al observador como al meditabundo paciente, a no tomarlas como un simple revoltijo de contenidos caóticos. La mente y el espíritu están contenidos tanto en la vida psíquica enfermiza como en la sana. Pero interpretaciones de este tipo deben ser despojadas de toda importancia causal. Para lo más que pueden servir es para arrojar luz sobre su contenido y para ponerlo en alguna especie de contexto".
Yo más bien diría que este paciente ha descrito, con una lucidez que yo no podría superar, una Búsqueda, con sus trampas y peligros, que al final él parece haber trascendido. Incluso el mismo Jaspers habla todavía de esta experiencia como enfermiza, descartando la propia reconstrucción del paciente. Personalmente, tanto la experiencia como su reconstrucción me parecen válidas en sus propios términos.
Tengo que aclarar que estoy hablando de determinadas experiencias trascendentes que a mí me parece que constituyen la fuente original de todas las religiones. Algunas personas psicóticas tienen experiencias trascendentes. Normalmente nunca las habían experimentado antes -al menos las más elevadas-, y lo más probable es que no las vuelvan a tener. Con esto no quiero afirmar, sin embargo, que la experiencia psicótica contenga forzosamente este elemento de trascendencia con más nitidez que la experiencia cuerda.
La persona transportada a estas regiones de la conciencia probablemente actúe de una manera rara. En otras ocasiones he descrito con más detalle las circunstancias que parecen originar este arrebato, al menos en algunos casos, y la burda mistificación que cometen el lenguaje y el pensamiento de la medicina clínica, cuando ésta se pone a considerar el fenómeno de la locura, tanto en su aspecto de hecho social como en su aspecto de experiencia existencial.
Puede que el esquizofrénico esté ciertamente loco. Está loco. No está enfermo.
Personas que han atravesado la experiencia de la locura me han contado cómo les había supuesto un verdadero maná caído del cielo lo que les había sido revelado durante aquélla. Tal vez haya cambiado toda la vida de la persona, pero es difícil no dudar de la validez de dichas visiones. Además, no todo el mundo vuelve entre nosotros.
¿Son estas experiencias simplemente los reflejos de un proceso patológico o de un tipo particular de alienación? Yo no creo que lo sean
A pesar de que se hayan hecho todo tipo de críticas a las diferentes escuelas de psicoanálisis y a la psicología profunda, uno de sus grandes méritos es el de reconocer explícita mente la relevancia fundamental que tiene la experiencia de cada persona respecto a su comportamiento externo, en especial la relevancia del llamado "inconsciente".
Lo que tanto Freud como Jung llamaron "inconsciente" es simplemente aquello de lo que no somos conscientes, dada nuestra enajenación históricamente condicionada. No es necesaria o esencialmente inconsciente.
No estoy simplemente hilando paradojas sin sentido cuando digo que nosotros, los cuerdos, estamos fuera de nuestras mentes. La mente es aquello de lo que el ego es inconsciente. Nosotros somos inconscientes de nuestras mentes. Nuestras mentes no son inconscientes. Nuestras mentes son conscientes de nosotros. Pregúntese a sí mismo quién es el que -o qué es lo que- sueña nuestros sueños. ¿Nuestras mentes inconscientes? El Soñador que sueña nuestros sueños conoce mucho más de ellos que nosotros mismos. Sólo desde una posición singular de alienación puede experimentarse como "Eso" el origen de la vida, la Fuente de la Vida. La mente de la que somos inconscientes es consciente de nosotros. Somos nosotros los que estamos fuera de nuestras mentes. No tenemos por qué ser inconscientes de nuestro mundo interno.
La mayor parte del tiempo no nos damos cuenta de su existencia.
Pero muchas personas entran en él -infortunadamente sin guías, confundiendo las realidades externas con las internas, lo interior con lo exterior- y normalmente pierden su capacidad de funcionar eficazmente en las relaciones ordinarias.
Esto tiene que ser así. El proceso de entrar en el otro mundo desde éste, y de volver a este mundo desde el otro, es tan "natural" como la muerte y el nacimiento. Pero en nuestro mundo actual, que es tan inconsciente y está tan aterrorizado por el otro mundo, no es sorprendente que cuando la "reali
dad", la fábrica de este mundo, estalla y la persona entra en el otro mundo, ésta se halle completamente perdida y asustada, y sólo encuentre la incomprensión de los demás.
En algunos casos, un ciego de nacimiento puede operarse y ver de nuevo. El resultado con frecuencia es infelicidad, confusión y desorientación. La luz que ilumina al loco es una luz inverosímil, pero no creo que sea una proyección, una emanación de su ego ordinario, sino que ha sido irradiado por una luz que es más fuerte que él y que puede quemarle.
Este "otro" mundo no es fundamentalmente un campo de batalla en el que fuerzas psicológicas, procedentes o desviadas de su objeto original, sublimadas o desplazadas del mismo, estén comprometidas en una lucha ilusoria; aunque bien es verdad que dichas fuerzas pueden oscurecer las realidades internas, lo mismo que pueden oscurecer las llamadas realidades externas. Cuando en Los hermanos Karamazov, Iván dice: "Si Dios no existe, todo está permitido", no está diciendo: "Si mi superego, en una forma proyectada, puede ser abolido, puedo hacer cualquier cosa sin remordimientos". Lo que está diciendo es: "Si únicamente existe mi conciencia, entonces no existe una validación definitiva para mi voluntad".

La tarea correcta del médico (psicoterapeuta o analista) debería ser, en casos escogidos, sacar a la persona de este mundo e introducirla en el otro, guiarla a través de él y traer la de vuelta.

Uno entra en el otro mundo rompiendo un caparazón: a través de una puerta, o de una división; las cortinas se apartan o se levantan: se alza un velo. No es lo mismo que un sueño. Es "real", de una manera diferente a un sueño, imaginación, percepción o fantasía. Siete velos: siete sellos, siete cielos.
El "ego" es el instrumento para vivir en este mundo. Si "el ego" se rompe o es destruido (por las contradicciones insuperables de ciertas situaciones de la vida, por las toxinas, los cambios químicos, etc.), la persona puede quedar expuesta a ese otro mundo.

El mundo en el que se entra y la capacidad de experimentarlo parecen estar parcialmente condicionados por el estado en que se encuentre el "ego".

Nuestra época se distingue, más que por ninguna otra característica, por el dominio, el control, del mundo externo y por un olvido casi total del mundo interno. Si se valora la evolución humana desde le punto de vista del conocimiento del mundo externo, entonces estamos progresando mucho.

Si la estimamos desde el punto de vista del mundo interno, y de la unidad de lo interno y lo externo, entonces el juicio tiene que ser diferente.

Fenomenológicamente, los términos "interno" y "externo" tienen poca validez. Pero en todo este campo uno se ve reducido a simples expresiones verbales -las palabras son simple mente el dedo que señala a la luna. En los tiempos que corren, una de las dificultades de hablar de estos temas consiste en que, hoy día, se pone en cuestión la existencia misma de las realidades internas.

Por realidades "internas" entiendo aquéllas que no tienen normalmente una presencia "externa", "objetiva": las realidades de la imaginación, los sueños, las fantasías, los trances, las realidades de los estados contemplativos y meditativos... Realidades de las que el hombre moderno, por lo general, no es en absoluto directamente consciente.
Por ejemplo, en ninguna parte de la Biblia existe ningún argumento acerca de la existencia de dioses, demonios y ángeles. En un principio, los seres humanos no "creían en" Dios: experimentaban Su Presencia, y lo mismo ocurría con otras realidades espirituales. La cuestión no era si Dios existía o no, sino si ese Dios concreto era el más grande entre todos, o el único existente. En la actualidad, lo que se discute públicamente no es la fiabilidad de un determinado Dios, su puesto concreto en la jerarquía espiritual entre los diferentes espíritus, y cuestiones similares, sino si Dios y dichos espíritus existen, o incluso si han existido alguna vez.
Hoy día, la cordura parece basarse en gran medida en la capacidad de adaptarse al mundo externo -el mundo de las relaciones interpersonales, el terreno de la colectividades humanas.
Como este mundo externo está casi alienado por completo de lo interno, cualquier conciencia personal directa del mundo interno comporta graves riesgos.
Pero como la sociedad está hambrienta de lo interno, aun que no sea consciente de ello, es enorme la demanda de la gente de evocar su presencia de una manera "normal", de una manera que no tenga que considerarse como algo demasiado formal; pero la ambivalencia es también muy intensa. No es sorprendente, pues, que sea larga la lista de los que han naufragado en estos arrecifes, digamos que en los últimos ciento cincuenta años: Hólderlin, John Clare, Rimbaud, Van Gogh, Nietzsche, Antonin Artaud, Strindberg, Munch, Bartók, Schumann, Büchner, Ezra Pound...
Los que sobrevivieron han tenido cualidades excepcionales -una capacidad para el secreto, sagacidad y astucia- y una valoración totalmente realista de los riesgos que corren, procedentes no sólo de los territorios espirituales que frecuentan, sino también del odio de sus semejantes hacia cualquiera que se dedica a esta clase de búsqueda.
Vamos a curarlos. Al poeta que confunde a una mujer real con su Musa y actúa en consecuencia... Al joven que se embarca en un yate a la búsqueda de Dios...
Lo externo divorciado de cualquier iluminación proveniente de lo interno se encuentra en un estado de oscuridad. Estamos en la edad de la oscuridad. El estado de las tinieblas exteriores es un estado de pecado, es decir, de alienación o separación de la Luz interior. Determinadas acciones conducen a una mayor separación; otras ayudan a no estar tan alejados. Las primeras son malas; las segundas son buenas.
Son legión las maneras de perderse. La locura es cierta mente una de las menos ambiguas. La contralocura de la psiquiatría kraepeliniana es exactamente la contrapartida de la psicosis "oficial". Literalmente y hablando absolutamente en serio, ésta es igualmente loca, si por locura entendemos una enajenación de la verdad subjetiva u objetiva. Recordemos la locura objetiva de Sóren Kierkegaard.
Actuamos tal como experimentamos el inundo. Nos comportamos a la luz de lo que es y de lo que no. En otras palabras, cada persona es más o menos un ingenuo ontológico: cada persona tiene su punto de vista sobre lo que es y lo que no es.
A mí me parece que no existe ninguna duda sobre el hecho de que se han producido profundos cambios en la experiencia del ser humano en los últimos mil años. En algunos aspectos, esto es más evidente que los cambios producidos en sus pautas de comportamiento. Todo lleva a sugerir que el ser huma no tuvo la vivencia de Dios. La fe nunca consistió en creer en su existencia, sino en confiar en la Presencia que había sido experimentada y se sabía que existía como un dato que se validaba a sí mismo. Parece bastante probable que muchas personas hoy día no experimentan la Presencia de Dios, ni la Presencia de su Ausencia, sino que viven la ausencia de su Presencia.
Necesitamos una historia de los fenómenos, y no simple mente más fenómenos de la historia.
En su estado actual, el psicoterapeuta secular hace frecuentemente el papel del ciego que conduce al medio ciego.
La fuente no se ha agotado, la Llama todavía brilla, el Río todavía fluye, el Manantial todavía brota, la Luz no se ha extinguido. Pero entre nosotros y Eso existe un velo que parece como diez metros de hormigón. Deus Absconditus. O somos nosotros los que hemos huido
Ya todo en estos tiempos está dirigido a clasificar y a se parar esta realidad de los hechos objetivos. En esto consiste precisamente el muro de hormigón. Tenemos que abrirnos ca mino a través de este sólido muro desde el punto de vista intelectual, emocional, interpersonal, organizativo, intuitivo y teórico, incluso a riesgo de sumergirnos en el caos, la locura y la muerte. Porque el riesgo se halla a este lado del muro. No existen seguridades ni garantías.

Muchas personas están preparadas para tener fe en el sentido de una creencia científicamente indefendible en una hipótesis no comprobada. Pocas han tenido suficiente confianza para comprobarla por sí mismas. Muchas personas hacen creer que tienen la experiencia. A pocas se les hace creer por su propia experiencia. Pablo de Tarso fue tomado por el pes cuezo, arrojado al suelo, y cegado durante tres días. Esta experiencia directa se validaba a sí misma.

Vivimos en un mundo secular. Para adaptarse a este mundo el niño abdica de su éxtasis (L'enfant abdique de son ex tase -Mallarmé-). Después de haber perdido nuestra vivencia del Espíritu, todavía se espera que tengamos fe. Pero esta fe se convierte en la creencia en una realidad que no es evidente. Existe una profecía en Amos de que vendrá un tiempo de hambre en la tierra, "no hambre de pan o sed de agua, sino de escuchar la palabra del Señor". Este tiempo ya ha llegado. Es la época actual.


Desde el punto de partida alienado de nuestra pseudocordura, todo es equivoco. Nuestra cordura no es "verdadera" cordura. Su locura no es "verdadera" locura. La locura de nuestros pacientes es un artificio de la destrucción que nosotros les causamos, y que ellos se causan a sí mismos. No ha gamos suponer ya a nadie que encontramos "verdadera" lo cura ni que estamos verdaderamente cuerdos. La locura que encontramos en los "pacientes" es un gran travestismo, una burla, una caricatura grotesca de lo que puede ser la curación natural de esa integración enajenada que llamamos cordura. De una manera u otra, la verdadera cordura supone la disolución del ego normal, ese falso yo competentemente adaptado a nuestra realidad social alienada. Supone la emergencia de los mediadores arquetípicos "internos" del poder divino y, mediante esta muerte y renacimiento, junto al restablecimiento posterior de una nueva forma de funcionar del ego, que éste se convierta entonces en el servidor de lo Divino, dejando ya de traicionarle.



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